No te desnudes tan temprano, porque no soy
las orlas renuevan pisadas en papeles masticados
castidad exhumada de marranos de pelo lacio
hocico entre almas y escombros
de pocilgas entrevistadas
por carniceros de oficio.
Glorioso sueño de cuadrúpedos cantores
pescadores de macutos tristes orinan
al compás del estilete que busca el corazón hasta marchitarlo.
carne nueva, cuero y manteca, racimos intermitentes en una tarde de febrero.
Carnaval y escaramuza tiesa tiroteando estelas de días coloreados en sal
ermitaños de antaño amenazando híbridos de especias y cantos.
gentío embalumado de prisas y brincos
Botones arrancados del confort de tayotales
trazados al menguante del pelambre
llovizna de furia y suerte
cara al burladero
ironía asada al carbón
ojos cerrados al vendaval de rumbo dudoso.
Patología atípica de cacatas y mármoles
polvillo al aire
pelos a la entrepierna del artrópodo que culebrea entre jeringas y dislates.
Soliloquio en letargo
coronas y espinas
espigas y luces al sepulcro de trillizos estambres del amor
Una coliflor ajusta el ventanal al norte del oeste
un picaflor se pierde al sur del este
o del aquél que levita entre naranjas truncas
puntos cardinales dispersos en holograma de secuoyas y brujas.
Corta belleza de la burbuja
coqueta circunferencia enamorada de cielo con rastro de sol en las ojeras
peras, lobos, carteras y zafiros rastrean el cadáver de un yerno cualquiera
lubricante derramado en aceras de conciertos de hipopótamos atropellados.
Azul amarillento de trompetas decapitadas
nuez mocada al pecho del absurdo
brusco escalofrío que calienta la sombra
retraso del cocodrilo a las botas del vaquero
níspero certero al babonuco y la anaconda.
El ensayo culmina en octubre
vístete tarde, pues no importa
vende tu pecho al postor
duerme tranquila vida mía
Ya no existo, pero estoy.