Andres Zuñiga
Poeta fiel al portal
Caen las hojas; el otoño ha llegado;
el sol comienza a alejarse; el cielo ya está sangriento;
el crepúsculo, cae ahora sobre mi pueblo.
Pero ya no la tengo.
La noche avanza; mi mente comienza a estremecerse;
Ella viene a mi memoria; pero ya no la tengo.
La perdí un día de verano en aguas del Río Negro;
las aguas me la llevaron, me la llevaron al cielo;
allá junto con mi madre, con mi padre y mis abuelos.
Quisiera irme yo también para estar junto con ellos.
Y tenerla junto a mí...
sentir el calor de sus besos...
pero... son vanos pensamientos.
¡No podría yo llegar!
Soy humano: iré al infierno...
Un perro ladra, y yo,
recostado aquí en mi lecho recordando.
Recordando... su sonrisa de ángel,
sus cabellos trigueños y sus ojos de lucero
Ahora la veo en tinieblas:
¿Es que estoy agonizando?
¿O será que estoy durmiendo?
No lo sé. Pero ya no la tengo.
el sol comienza a alejarse; el cielo ya está sangriento;
el crepúsculo, cae ahora sobre mi pueblo.
Pero ya no la tengo.
La noche avanza; mi mente comienza a estremecerse;
Ella viene a mi memoria; pero ya no la tengo.
La perdí un día de verano en aguas del Río Negro;
las aguas me la llevaron, me la llevaron al cielo;
allá junto con mi madre, con mi padre y mis abuelos.
Quisiera irme yo también para estar junto con ellos.
Y tenerla junto a mí...
sentir el calor de sus besos...
pero... son vanos pensamientos.
¡No podría yo llegar!
Soy humano: iré al infierno...
Un perro ladra, y yo,
recostado aquí en mi lecho recordando.
Recordando... su sonrisa de ángel,
sus cabellos trigueños y sus ojos de lucero
Ahora la veo en tinieblas:
¿Es que estoy agonizando?
¿O será que estoy durmiendo?
No lo sé. Pero ya no la tengo.