Mis dedos no suelen caminar,
mis brazos decaen cada vez más,
el lánguido palpitar del nunca jamás
se empieza a hacer verdad.
En densos pisos de mármol
donde se parten los huesos
el frió penetra los lagos
y se esconde en el tarot.
Seduciendo mis jugadas
haciéndome mas pobre,
más viejo, poco sagas
donde la muchedumbre
entra y saquea los cofres de riqueza
se hace menos tímido
y con más fiambre
este poeta casi sin ánimo
que desafía a la muerte
en sus escenas de iluminación.
Ya no podría ver la luz del sol
ni saludar en su trono a la luna
Bella estrofa de amor,
bello destello de penumbra
Perseguido en seguida
de los pasos inconclusos
que persiguen su huida
aparecen descalzos
al pasar de la salida,
aquellos que caen,
aquellos que nunca florecen
y se hace mas espeso
ese pasaje misterioso.
Este poeta ha perdido sus ojos
manchados de sombras
y de letras indelebles,
este poeta ha escapado a los zumbidos
que otorgan las dunas
de horizontes nobles.
Este poeta ya no puede leerte,
este poeta padece casi inerte,
de esperar tenerte
a morir ideándote
en ese sueño falsamente
amoroso e intrigante.
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