Daniel Martínez Bauzá
Poeta recién llegado
Mírame de nuevo y envenéname,
de ti son aún mis mieles y colmenas.
Mi almohada sigue perfumándose de ti,
sigue susurrando tus palabras.
"Sí,
quiero".
"Te amo".
Una a una,
sin anestesia.
Mientras tanto lloro
a la vez que sonrío,
prisión de silencios rancios.
Tus dientes son estrellas que relucen,
son cristales que apuñalan reflejos.
Cortan todo, del demonio azulejos.
Mi pena son sus gritos, que enmudecen.
Yo soy pasto del insaciable rencor,
de las falsas musas y de las tempestades,
del olvido ingrato de tus novedades,
de los restos vivos de tu olor.
Yo soy padre de aquel huérfano bebé,
soy la lluvia en cielo claro y cantarín,
cocinero del hecido ya festín,
prisionero de los besos que robé.
de ti son aún mis mieles y colmenas.
Mi almohada sigue perfumándose de ti,
sigue susurrando tus palabras.
"Sí,
quiero".
"Te amo".
Una a una,
sin anestesia.
Mientras tanto lloro
a la vez que sonrío,
prisión de silencios rancios.
Tus dientes son estrellas que relucen,
son cristales que apuñalan reflejos.
Cortan todo, del demonio azulejos.
Mi pena son sus gritos, que enmudecen.
Yo soy pasto del insaciable rencor,
de las falsas musas y de las tempestades,
del olvido ingrato de tus novedades,
de los restos vivos de tu olor.
Yo soy padre de aquel huérfano bebé,
soy la lluvia en cielo claro y cantarín,
cocinero del hecido ya festín,
prisionero de los besos que robé.