Una madrugada más, las tres de la mañana
me reciben, ya sabes... insomne en la ventana,
dudando de la necesidad de que los coches
respeten los semáforos durante las noches
y saboreando, ya sabes... mi Colacao.
Cada bostezo, con su bocanada de vaho,
materializa mágicamente en los cristales
corazones que circundan nuestras iniciales...
- Ya sabes que la limpieza nunca fue lo mío...-,
aduce el chip antisermones, y te sonrío,
como si siguieras a mi lado todavía...
por lo menos, que gane el cajón esta poesía.
Cualquier día, tendré que retomar ese cuento
tuyo de construir, ya sabes... aquel invento,
la-cama-que-me-deja-soñar-lo-que-le-digo,
para hablar de nuevo, por un momento, contigo.
me reciben, ya sabes... insomne en la ventana,
dudando de la necesidad de que los coches
respeten los semáforos durante las noches
y saboreando, ya sabes... mi Colacao.
Cada bostezo, con su bocanada de vaho,
materializa mágicamente en los cristales
corazones que circundan nuestras iniciales...
- Ya sabes que la limpieza nunca fue lo mío...-,
aduce el chip antisermones, y te sonrío,
como si siguieras a mi lado todavía...
por lo menos, que gane el cajón esta poesía.
Cualquier día, tendré que retomar ese cuento
tuyo de construir, ya sabes... aquel invento,
la-cama-que-me-deja-soñar-lo-que-le-digo,
para hablar de nuevo, por un momento, contigo.