Yo no elegí quererte,
igual que tú tampoco has elegido
no quererme. La suerte ha sido esquiva,
pero yo la convenzo de que existes
en la velocidad que nos aleja.
Las excusas en mí tienen efecto.
No puedo detenerme, ¿me comprendes?,
no puedo renunciar a mis latidos,
aunque el tiempo me dé más bofetadas,
aunque el encuentro tenga solamente un origen,
y allí la soledad me espere a solas
con un ya te lo dije.
Yo sigo, aunque me estrelle con las horas,
aunque cuando despierte de estos pasos
sea un anciano ya
con las huellas gastadas
en oportunidades del aliento
que no supo cruzar las aduanas
de tus labios exactos, aunque cuando
me levante del humo que me ciega,
no vea sino a un hombre desahuciado
en una esquina de las despedidas.
Yo no elegí quererte
igual que ahora en la vejez tampoco
ha sido mi elección el no quererte.
igual que tú tampoco has elegido
no quererme. La suerte ha sido esquiva,
pero yo la convenzo de que existes
en la velocidad que nos aleja.
Las excusas en mí tienen efecto.
No puedo detenerme, ¿me comprendes?,
no puedo renunciar a mis latidos,
aunque el tiempo me dé más bofetadas,
aunque el encuentro tenga solamente un origen,
y allí la soledad me espere a solas
con un ya te lo dije.
Yo sigo, aunque me estrelle con las horas,
aunque cuando despierte de estos pasos
sea un anciano ya
con las huellas gastadas
en oportunidades del aliento
que no supo cruzar las aduanas
de tus labios exactos, aunque cuando
me levante del humo que me ciega,
no vea sino a un hombre desahuciado
en una esquina de las despedidas.
Yo no elegí quererte
igual que ahora en la vejez tampoco
ha sido mi elección el no quererte.