Bolivar F. Martinez
Poeta adicto al portal
Yo no escogí el nacer
Yo no escogí el nacer, nací todos los días,
con caprichosas formas por herencia,
escondido de aquellos que me hieren,
de aquellos que no sienten que me miran.
Mi nacer, con negros nubarrones por cobija,
porque las blancas nubes no existieron,
tan solo me convierte en uno más del mundo,
que quiere por igual, amor, techo y comida.
Y me arrastré por las calles, sin que me reconocieran,
sin que me dieran de beber, sin aire, sin bandera,
buscando entre los tambos mi alimento. En desdoro,
falto de la alegría que tienen mis hermanos,
de otros como yo, viviendo en casas de oro.
Mi obscuro fenotipo me delata. Mi grande mestizaje
impide que se muestre mi belleza;
y los golpes de cauchos que me dañan,
me hacen verme peor, como una fiera.
Y así, sin que nadie me adopte, flaco y tullido,
tengo la libertad que otros no tienen: vivo en las calles,
que no por preferencia, pues cuando llueve busco
arañando las puertas, un alguien piadoso que me quiera.
Yo no escogí el nacer, nací todos los días,
con caprichosas formas por herencia,
escondido de aquellos que me hieren,
de aquellos que no sienten que me miran.
Mi nacer, con negros nubarrones por cobija,
porque las blancas nubes no existieron,
tan solo me convierte en uno más del mundo,
que quiere por igual, amor, techo y comida.
Y me arrastré por las calles, sin que me reconocieran,
sin que me dieran de beber, sin aire, sin bandera,
buscando entre los tambos mi alimento. En desdoro,
falto de la alegría que tienen mis hermanos,
de otros como yo, viviendo en casas de oro.
Mi obscuro fenotipo me delata. Mi grande mestizaje
impide que se muestre mi belleza;
y los golpes de cauchos que me dañan,
me hacen verme peor, como una fiera.
Y así, sin que nadie me adopte, flaco y tullido,
tengo la libertad que otros no tienen: vivo en las calles,
que no por preferencia, pues cuando llueve busco
arañando las puertas, un alguien piadoso que me quiera.
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