Óscar Roberto Pino Ortiz
Poeta recién llegado
Yo
soy la cal
que hiere en la simiente
el germen de la vida
y, en el tiempo que fluye,
la medida
soy el coto
que encaja el firmamento
en la noche del ojo
y
del fuego de la risa
soy la calma que calla
en la ceniza
urdo el fin de las horas
y destruyo,
al filo del olvido,
las razones ovíparas
del nido
llago al fin
mis propias intenciones
de largas senectudes
y digiero voraz
mis actitudes
soy la lágrima mustia
que descansa sagaz dentro la tierra
y al término de todo
soy la hiel de la angustia...
del tiempo que se encana
y se empecina
roo la muela
hasta que duela la osamenta, el beso
y la palabra...
Injustamente,
soy la ausencia
del mar,
el temblor de la lluvia sobre el borde de la hoja
y la injuria del viento que acongoja...
llevo el deseo
y la aquerencia
de ese reo motivo de la vida:
la trascendencia
al olvido que cuaja en la mortaja
Y finalmente
soy el instante
que aflorará algún día
en tu memoria
como un quejido ido, una mirada,
un último temblor
y después... nada.
soy la cal
que hiere en la simiente
el germen de la vida
y, en el tiempo que fluye,
la medida
soy el coto
que encaja el firmamento
en la noche del ojo
y
del fuego de la risa
soy la calma que calla
en la ceniza
urdo el fin de las horas
y destruyo,
al filo del olvido,
las razones ovíparas
del nido
llago al fin
mis propias intenciones
de largas senectudes
y digiero voraz
mis actitudes
soy la lágrima mustia
que descansa sagaz dentro la tierra
y al término de todo
soy la hiel de la angustia...
del tiempo que se encana
y se empecina
roo la muela
hasta que duela la osamenta, el beso
y la palabra...
Injustamente,
soy la ausencia
del mar,
el temblor de la lluvia sobre el borde de la hoja
y la injuria del viento que acongoja...
llevo el deseo
y la aquerencia
de ese reo motivo de la vida:
la trascendencia
al olvido que cuaja en la mortaja
Y finalmente
soy el instante
que aflorará algún día
en tu memoria
como un quejido ido, una mirada,
un último temblor
y después... nada.