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Te vi bajando la piedra rasmillada,
caminando hacia el sol,
y por encima de este, tu pelo
claro y norteño pero colorado,
volando al ritmo de dialectos tensos,
solo mis ojos te entienden,
pues tu paso es constante, pero sonríes
deteniendo la marcha del verano.
Déjame al menos gotas de tu boca...