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Antes de ti,
esa secuencia rutinaria
de besos que se ofrendan
y sillones con la ropa,
de escribir poemas destinados
a persuadir en esos bares
de mesas solitarias y sin copas.
Antes de ti, caricias en la noche
que con la luz de la mañana
perdían la memoria,
y sepultadas por el tiempo
bajo sus...
Llegará al fin la hora
en que tu cuerpo desnudo
agriete el deseo
al detener los relojes
en el instante preciso
en que la piel sea una
y la luna en su péndulo
atraviese la noche.
Inconfesable secreto
serás si tu quieres
o quien desgarre el silencio
de una sola palabra
y si la lumbre...
De saber que al verte
temblarían hasta las huellas
con que a lo largo de la vida
he poblado las aceras
y que al peso del vacío
soportado por las sabanas
habrías de exiliarlo para siempre
sin pedir a cambio nada.
De saber que tú serías
quien vehemente e intempestiva
lograrías que en la...
Quizás si detengo
el reloj por la noche
y mantengo con vida
los sueños más viejos
encuentre ese instante
en que al fin sea la tinta
quien descifre y desande
el temor a lo incierto.
Cuando abrume el vacío
que deja en el alma
el manojo de letras
ya volcado al poema
buscaré en los...
Allí donde se dejan
los besos sin dueños
y la sombra de cuerpos
que no fueron de nadie
detrás de la imagen
que devuelve el espejo
y del oscuro silencio
que recorre las calles.
En el sitio en que el tiempo
desahucia relojes
y los labios son quienes
humedecen el alma
me rindo al...
Te ofrezco ser la espada
con que atravieses la piedra,
y el refugio de mis brazos
cuando afrontes tempestades
te ofrezco algo de calma
a la orilla de mi pecho
y las manos donde asirte
al atravesar vendavales.
Te ofrezco ser la gota
cuando abrume la sequía,
a esa hora en que los ríos...
En lo perpetuo o efímero,
en la humedad sobre la hierba
o en las gotas de rocío
que delimitan el aire...
en la fragilidad de la ola
al morir sobre la arena
o en la fuerza desmedida
de los mares.
En el eco o el silencio,
en las luces o las sombras
o en los versos que nunca
serán...
Eres la gota que humedece
la arena en los desiertos,
y la hierba cuando viste
con su verde la pradera
eres la tempestad originada
en la suma de los vientos
y la silenciosa gratitud
de los musgos a la piedra.
Eres la furia que presagia
el arribo de la calma
y la calma que antecede
la...
Soy aguacero, llovizna y sequía,
hierba húmeda y cardo,
arena, barro y arcilla...
espuma, agua salada y médano,
cauce turbio y desbocado,
lecho, fango y orilla.
Soy silencio en el vacío,
copa de árbol y ripio,
tronco, raíz y semilla...
cumbre, valle y ladera,
y acantilado en el miedo...
Cuántas veces te busqué
en esos espejos
que reflejan la humedad
en los ventanales,
y en las sombras
que se diluyen lentamente
al arrastrarse bajo las luces
mortecinas de las calles.
Tantos fueron los sueños
que indagué sin dar contigo,
como lágrimas de sal
habitaron mis heridas
y...
Después del oscuro deseo
y tus besos en cántaros,
mientras Venus al este
se apaga deprisa
después que tu aliento
entibia las alas,
entrecierra mis ojos
y la piel se hace astillas.
Después que la noche
encuentra refugio
tras los velos que ofrecen
tus salvajes caricias
después que...
No digo adiós, sino hasta luego
porque decir adiós es mucho
todavía
aunque tantas veces
me haya ahogado en el silencio,
en sus abismos
y en la insoportable levedad
de la agonía.
Perdido en esas calles oscuras
y sinuosas
arrastré la cruz que formaban
las huellas de mis pasos...
Eva se desnuda,
y la penumbra
agita su ansiedad
entre las sabanas
como única deidad,
cuando la noche,
en el trono de su piel
se erige soberana.
Eva se desnuda,
en ese instante,
en que el deseo se anuncia
en las campanas
y desanda laberintos
de caricias
tallados por mis manos
en...
Eva no se desnuda,
y del espanto y los relojes
me rescatan
poemas de papel a su medida,
escritos con la tinta del licor
con que me ahogaba
al beber siempre en su cántaro
a escondidas.
Aún conservo las raíces
que en el pecho
dejaron un puñado de caricias
y la silueta de su...