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En un hogar humilde, brilla
la inocencia de una niña.
Añejada la maldad
con el ardid golosinas
ella queda a la deriva...
El agua clara borra
de su cuerpo virgen,
las huellas del horror.
Con el alma mancillada
saborea una a una
las ricas golosinas.
Y la frágil memoria
con el benévolo olvido...
Con pensamiento intrusivo
ella mira a través de la nada,
el tiempo se ralentiza
entre la duda y el saber,
quiere sentirse amada
pero teme caer en las garras
del ogro del amor,
al hendir en el pundonor
sentirá que solo fue
una más del montón,
y será arrastrada
al abismo de la decepción...
Al estar como ostra
ella se pregunta qué hará
en el tiempo muerto,
con sangre de horchata
todo le da lo mismo,
ojea los pliegues del presente
y lo recurrente
es la ausencia de estímulo,
para salir de la oscuridad
en la que está sumida,
debe vivir la vida con sentido...