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Son, esas cartas que te escribo y tu ignoras,
esos momentos que añoras, y no has vivido.
Ese beso que muere, sin llegar a tu boca.
Este homicida, que no conoció suicidio.
Aquel sudor, que no empapó tu ropa.
Aquella sangre, que no se derramó en tu ombligo.
Un verso triste que supura, recuerdos...
Sangre de amapola rota,
sueños de vuelos refrenados,
por una mano blanca, sombra de la cruda
realidad con que al despertar topamos.
Llantos de las rocas, mudas,
tristes prostitutas de los astros.
Valientes, desenfrenados besos,
tu mirada, cielo, con que me nombras.
Hastío, tedio y nada no...