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Ay qué bonita manera de comenzar la mañana con el sol en mi ventana entibiando desde afuera. Un nuevo día me espera para disfrutar a pleno con un devenir ameno disfrutando de la vida sin que nadie me lo impida poniéndome algún freno.
Tengo mucho no me quejo y no hablo de riquezas ni jactancia ni bajezas ornamentan mi pellejo. Si me miro en el espejo me descubro simplemente como el resto de la gente que camina por la vida para nada presumida con honor y humildemente.
No alcanza ni es suficiente no dañar a los demás es necesario además hacer feliz a la gente. No hay que ser indiferente al padecimiento ajeno pues nada tiene de bueno por el contrario es odioso y deviene vergonzoso ignorar tanto veneno.
Un ángel en bicicleta recorre un prado florido pedalea de corrido como un verdadero atleta. Un pintor con su paleta vuelca en un lienzo la escena -con la mirada serena y en la mano su pincel- del ángel en su corcel de pedales y cadena.
Un lucero de suave terciopelo nos regala su brillo diariamente esperamos su luz ansiosamente en las miles de noches de desvelo.
Cada día deslumbra nuestro cielo horas antes que el sol diga presente no podemos obviarlo fácilmente luce solo y feliz el jovenzuelo.
Es principio esencial día tras día un pionero guiando cada noche es motivo de sueño y fantasía no le cabe jamás ningún reproche es un fiel lazarillo cada día un lucero que al cielo pone broche.
Empleamos confusas expresiones nos resulta difícil entendernos mucho menos logramos comprendernos empeñados en dar explicaciones.
Recaemos en mil contradicciones pretendemos sin más desconocernos en lugar de tratar de contenernos lastimamos a nuestros corazones.
No buscamos palabras adecuadas que permitan decir lo que pensamos discutimos cegados por pavadas y de pronto perplejos recordamos que tras cientos de noches desveladas no podemos negar que nos amamos.
Después de medianoche un temporal azota con su fuerza mi morada sacude sin piedad nuestra fachada un súbito aguacero tropical.
Con furia muy tenaz el vendaval sacude la floresta achaparrada la noche se presenta muy cerrada y arrecia una tormenta sin igual.
No puedo ver siquiera alguna estrella resulta trabajoso ver la luna un rayo por detrás y una centella recortan la silueta de la duna impar fugaz relámpago destella y enciende al fin la noche por fortuna.
Me place dibujar sobre la arena sentado en una silla frente al mar alzando la mirada divisar soberbia y magistral la luna llena.
Crepúsculo estival playa serena las nubes muy rosadas cielo impar la brisa tibia y suave disfrutar perdernos esta fiesta es una pena.
La noche llega muda y silenciosa tan sólo los acordes del oleaje besando ya la playa primorosa un cúmulo de perlas el paisaje tributa su presencia glamorosa en otro gesto digno de homenaje.
Contemplo muy feliz en una silla el cielo de la playa tan cambiante la tarde que se pone tan radiante con Febo un astro rey de maravilla.
La arena que es tan fresca cual arcilla igual que la frescura en mi semblante disfruto lo que tengo por delante echado en una frágil esterilla.
La vida tiene ya mejor sabor camino por la playa y no me canso los días lucen todo su esplendor son tardes de solaz y de descanso después de tantas horas de labor es bueno disfrutar de este remanso.
Buscaré la manera de escribirte simpático soneto pretencioso no pretendo que quedes muy hermoso ni tampoco que quieran aplaudirte.
Por cierto que no tengo que pedirte que tú aportes algo es odioso trataré de que seas melodioso y cumplas con las reglas al medirte.
Ya lo sé es compleja la tarea de buscar las palabras adecuadas mas creo que podré dar la pelea si mi pluma resulta inspirada lograré que por fin mi obra sea tan bella melodiosa y ajustada.
La lumbre del pabilo de una vela convoca la atención de mi mirada la veo en mis pupilas reflejada y en cada movimiento deja estela.
Tan frágil tan etérea y pequeñuela en medio de la cera aprisionada efímera es su vida y destinada a ser solo cenizas de candela.
No logro deshacerme de su influjo su danza singular me magnetiza podría ser producto de un embrujo tal vez es mi mirada que la atiza morboso es el impulso que mi indujo a verla convertida en ceniza.
Sobre mis pies se levanta mi humanidad con orgullo nada me importa el murmullo que a mis espaldas se planta. Ninguna gente es tan santa que justifique el reproche que desde el día a la noche descalifica mi esencia mi soberana presencia jamás será un fantoche.
Poderosos clamores tensos ruidos vibraciones profundas tan inmensas alborotan sin más nuestras conciencias en un piélago de gritos y alaridos.
Invadidos por millones de sonidos estridencias agudas muy intensas son tan grandes tan fuertes tan extensas que quisiéramos borrar nuestros sentidos.
No resulta tan fácil de eludir este rapto latente de locura por ser cruel y fatídico el tormento entre vanos intentos de evadir este mar de pasión y desventura que no encuentra razón ni entendimiento.