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Poesía desenamorada-.

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BEN. · · 0 comentarios Poesía desenamorada-.
Me duelen las manos, de tanto coser heridas, de permanecer inmóvil, dentro de las guaridas, donde se reflejan en los espejos, ciudades ya derruidas. Y ese amor que las sostuvo, también me duele y me pica, tarántula insomne, que derriba muertos en las literas de los trenes de medianoche. Me asombran los muertos en vida, los que ponen de pie las gradas de los anfiteatros, los que empujan piel y saliva, y construyen ejércitos y penumbras raídas. Son pocas las palabras, que duermen junto a mi vida, es la noche servicial e intacta, la que se apresura a mordisquear

mis labios de manzana oprimida. Lloro porque no tengo resultado, mi herencia será el viento nocturno y ese lobo que mis muslos acaricia. Levo anclas del amor ya disuelto, de las ventanas en forma de estalactitas, de las estrellas sometidas a las galaxias imperiales. Dejó mi vida, qué traje de cuerpo entero, vencido!



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BEN. · · 0 comentarios Poesía desenamorada-.
Cierto sometimiento

a la certeza crucial de tu vida,

ya te inunda, y en la ecuación

alegre, la lisonja estúpida

no acaba de convencerte.

Al igual que la inútil conversación

fría, distante, con tanto hijo de Satanás

suelto, te mantiene con vida- no hay

dónde elegir o legar fe, esperanza,

caridad-, el bochorno interior de

suplir una realidad por otra, hace

que en ocasiones te enerves y coloques

palabras que no correspondiera.

Cierto desapacible amor y cierta sombra,

de todo esto afortunada, te salva, y en la

desbordante lejanía, cifras tus minúsculas

fuerzas y esperanzas. No te afligen ya

recuerdos o memorias, sombras también

de días difíciles y escuetos, mas reservas

para ellos, un sabio rencor en forma de prudencia.

Y pensar que el mundo en ocasiones fue eso!

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BEN. · · 0 comentarios Poesía desenamorada-.
Con estas rimas

ya me forro, señorita

mía. Tanto, que prescindo

de aranceles y de contratos,

y me ensarto, de bandera,

en el cuarto oscuro de la fuerza.

De alguna campana, y de algún

mal solitario, tristezas las tengo

todas: desde antaño, moratones

de amor, hasta heridas ciertas

de presidios tóxicos y adictivos.

Chupones, camellos, galácticos,

rubiales,me robaron a la novia.

Protestas y manifestaciones,

de calle y de pancarta, suicidios

plenarios, todos, de nada me sirvieron.

Bandoleros, Curros cuarentones,

sensuales tuneados, se empeñan

en darme la penúltima estocada-

yo, que estaba vivo de corazón y

de milagro-.





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