Vino el viento de tus recuerdos,
volví a sentir tus ardientes llamas
acariciando mi cadáver.
Te maldije
por las lágrimas que arrebataste
de mi frío corazón.
Callé el crimen de tu cobardía.
¡Oh mi amada Leonor!,
tu espectro cruza el umbral de la muerte,
mi carne y mi sangre
se posan en tus labios fríos.
Aquellas dagas irrumpen en mi cuello,
y te alimentas de mí, espíritu insaciable,
y me arriesgo a morir.
La medianoche nos abraza,
cada instante junto a ti es un piadoso mundo.
Triunfaste ,inmortal alma,
tu pecado muerto el Diablo lava.
Sobre tu ataúd
Cantaré el himno impío
y te dejaré ir
aguardando al tiempo
y seré dichoso porque tu beso eterno ira conmigo.
Tú, desde tu lecho,
seguirás atormentando mis pensamientos
devorando mi insana Rosa.
Sebastian Dusalgi