Ni las piruetas en aviones,
ni los rápidos en gomones,
ni en el Dakar en el desierto,
ni en piraguas en mar abierto.
Nada de esto, te cuento
me pareció intimidante,
pero el día que me confesaste
que querías ser mi amante
el corazón me estrujaste
y mi alma delirante
creyó que tu enloqueciste
al pedir sin inmutarte
algo que yo soñaba
y es que dejaras amarte
como yo también te amaba.