En la dolorosa nostalgia,
se comen los recuerdos y dejan las miguitas
las hileras de la perdición,
con los anzuelos del mimo.
lanzan goteos de perezas
ancladas a los preámbulos
del viajero que sueña, que sueña
la tardanza del adiós
y mira cómo cambian
las rayas de su mano
mientras el tiempo descansa
del largo día, la premura de los dos.
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