De los albores candentes que el horizonte mancha, ya nos
persigue la hilaridad del junco, precocidad vital que las sonrisas de coral arden sin compañía, tarde de dolor construida con té y ronroneo
de gata, en mi regazo,
duerme un letargo de mirada,
que encendiera llama ambulante
cualquier sospecha del delirio
y promesa. No fue suficiente.
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