Mi tristeza construye muros de vulnerabilidad, una vez
dañado ese muro, el círculo de su interior abriga como un nido
la progenie de tu belleza lírica,
y después los contornos de mi idea
resuelven otro tipo de pensamiento,
uno, con mayor anclaje al suelo,
no tan volátil.
Allí donde buscaban las gaviotas
los susurros de la herida, pavimentan
la despiadada rotura de nuestro amor,
los suburbios del corazón
delicadamente atracan la sana
desaparición del vuelco tramitado
del dolor, donde nos hirieron los
miedos celosos y destruyeron
el pegamento de nuestra unión.
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