En los rincones del amanecer
se purifican todos con la savia
del día.
La herrumbre dactilar de cada huella
que nace se afianza con la rozadura
del mundo que la exprime
sin cambio, nace y muere
y ninguna es sostenida para siempre.
Una nota musical que se desprende
medio colgada de su anzuelo.
Y cuando es tocada se hace brisa de polen, removida una y otra vez con
cada anochecer.
Reservados todos los derechos©