Los claveles de rojizo pendular.
Esnifan todo el Ártico en una bolsa dolor
la herida ahueca la mala sangre.
Sempiterna delgadez aullando
la mirada del deceso capricho
del duelo.
Una balanza queda perfectamente
alineada para torturar la suerte del
culpable, así la necedad se edulcora
con caprichosos mundos del agua.
Equilibrios de la profunda herida
en un alambre pálpito que dicta las reglas de la gravedad.
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