La negación turba los deseos del
aprendiz.
Sólo los jugos de una flor fresca,
recién abierta seduce al colibrí
polinizando el habla del apuntador
que entre actos, descansa la sierpe del telón en una
hiedra de versos elevándose como
El acordeón del monólogo.
Un misterioso abrir y cerrar de
la sabrosa mezcolanza de la mulata
bailando y bailando, la seda de tu nombre.
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