Duendes de nichos dormidos
la fachada de nombres viajeros
lame los surcos del perímetro.
La absenta cambia el coraje de la
sangre,
los niños torturados
de mayores son salvajes zombis
que gangrenados en estuches con
colores de llantos lloviendo
la pintura,
se purgan, los vicios del dolor
dibujado en la claridad de las ciudades sin natalidad.
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