Miro la llama del horizonte
buscando también en tus ojos
la dormida claridad que ejecuta
el planeta en su giro.
Yo anochezco.
Tú amaneces
triángulos de perennidad
bautizan, sin sentido, para los ateos
el tiempo alojado en la rasurada
Hucha del dolor. Ya está quemado.
El corral sin gallo.
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