En sus sueños volvía una y otra vez,
al único lugar donde había sido feliz.
Podía cerrar sus ojos y disfrutar
de olores y sabores que permanecían
intactos en su mente y corazón.
Dejarse envolver por esa lluvia de recuerdos
era mágico y sublime.
Todo lo que tenia, estaba ahí...
Y todo eso, moriría un día con ella.
Guadalupe D. López