Una opinión personal, una necesidad de decir lo que pienso.
---------------------
Las redes sociales no formaron parte de mi juventud.
Por un tema de edad, llegaron tarde a mi vida y traté de adaptarme a ellas. Aún hoy se me dificultan algunas cuestiones.
En mis tiempos, era impensado poder comunicarse masivamente con personas de otras latitudes.
Los vínculos sociales eran de menor amplitud, cara a cara y como en toda circunstancia de absoluta libertad, simplemente se elegían los compañeros de rumbo.
Si nos invitaban a una fiesta y había algún elemento falto de tacto o educación, podíamos evitar repetir el mal trance.
Con las redes no es tan simple.
Los espacios virtuales correctamente usados son fuentes genuinas de expresión, de intercambio cultural, de aprendizaje, de crecimiento. Pero tienen también una cara ingrata.
Existen cíbernavegantes que creen que pueden hacer o decir cualquier cosa en perjuicio de otro, solo por el hecho de ser copartícipes en una red. Se amparan en la protección que da el “detrás del monitor”, para arremeter contra otros, ignorando que existe un límite importante, que se llama respeto.
Entonces todo se unifica, se masifica, empieza a predominar la idea acerca de que todos son iguales y esa otra falsa premisa que usan los conflictivos recurrentes, que dice que por el solo hecho de actuar en un medio público, una parte de las reglas del juego es aceptarlo todo.
Y la verdad que no, no es así. De ninguna manera.
Cada persona podrá usar los medios o como una sala de intercambio productivo, o como una zona de pasiones bajas, romances de corto vuelo, mentiras e intrigas donde todo se nivela hacia abajo.
Yo no lo permito. No todos somos lo mismo, ni pensamos lo mismo, ni buscamos lo mismo.
Vuelvo a decir que el límite es el respeto.
Así como nadie debe abordarnos o agredirnos en el espacio público por excelencia que es la calle, este mismo criterio aplica a las redes y sitios web.
Sé que es imposible cambiar las malas conductas de otros, eso siempre va a existir y lo que hacen los medios solo es dejarlas en evidencia, pero no es imposible aplicar un freno y decir NO, cuando alguien nos molesta, nos ofende o nos invade.
Hoy elijo, decido expresarme para mejorar mi parte en el espacio.
Porque todavía existimos los que nos manejamos con transparencia. Los que no tenemos nada que ocultar.
Porque no todos tenemos “la condición del ladrón”.