Es la puesta de sol que en el ocaso
aromas de silencio me procura,
y un sueño de algodón en su blancura
alimenta de musas mi parnaso.
El reloj de la tarde sin retraso
del horizonte cumple su andadura,
y ese numen que inspira arquitectura
estos versos dibuja paso a paso.
¡Qué exacta maquinaria se adivina
cuando el astro se esconde por poniente
y en su tic tac perfecto se culmina!
¡Qué iluminado cielo diferente
alumbrará en la tarde que termina
esa mano de Dios omnipresente!