Liviana pasa la tarde.
Quién sabe dónde se hallarán
cuerpos y barros, luces y trozos
de comida. Yo, sin embargo, como
y degluto mi propia agonía, flores
amarillas que visten mi luto.
Sí, de dónde coger el tallo insepulto,
la cintura elástica, el cuerpo sometido
a vaivenes sin premura. Es hora
de la adolescencia, para otros.
Es hora del honor y de la rugidora
tristeza para casi todos.
Ya no hay cielo que asista
ni tierra que albergue tanta destrucción.
©
besos con tintes de esperanza