Dichoso tú, que llevas en las canas
de mozo viejo, cuna y sepultura,
el blanco eterno de la nieve dura
y en la frente cosechas soberanas.
Haces un calendario en las mañanas
cuando del sol su lumbre es aura pura,
y esa llama que el cielo te procura
será la paz que en tu bondad desgranas.
De toda tu sapiencia te aprovechas
y llevas en la alforja de los años
el trigo en los favores que cosechas.
Tu corazón ya no se llama a engaños,
eliges amistades más estrechas
ni anhelas premios ni procuras daños.