Tantos tajos lleva ya la tierra
en su petrificada belleza anodina
donde suspenden los hartos del examen
en que cuerpo y mente funden sus alabastros
de moribundos. Tajos pues ineptos, estériles,
infecundos: mi palpitación, sangre derrama,
sobre el círculo exterior o interior, sin relevancia,
las tristezas se acoplan sin territorio inexplorado.
Tarde es ya para vivir, morir, viene solo.
En las comisuras de los labios, se abre la lluvia de los días.
©