El autobús matutino
se mueve como un cien pies
lleno de luces,
se zambulle en las últimas sombras
de la noche
en su viaje hacia alguna parte.
Para que no me pesen las penas
las meto en la mochila
mientras me diluyo
en la tibia luz
violeta
de una noche que se aleja
con todas las hojas de los árboles,
todavía se mantienen en pie
a pesar del viento
y del invierno.
se mueve como un cien pies
lleno de luces,
se zambulle en las últimas sombras
de la noche
en su viaje hacia alguna parte.
Para que no me pesen las penas
las meto en la mochila
mientras me diluyo
en la tibia luz
violeta
de una noche que se aleja
con todas las hojas de los árboles,
todavía se mantienen en pie
a pesar del viento
y del invierno.
Es precioso el poema, Valentina.
Un abrazote de principios de año.