1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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  1. Voy buscando a ciegas tus ojos enamorados,​
    mis sentimientos encontrados y la verdad de lo [vivido,​
    consumando en el olvido,
    cada rincón de mi alma.

    A ciegas cae la lluvia...​
    copiosas gotas de agua y serpenteantes rayos [plateados,​
    van golpeando el matorral.
    La vecina soledad se despierta de sus miedos,
    ¡qué inquietante ansiedad!,
    ¡qué sombría realidad!.
    A ciegas voy caminando por la penumbra del sueño.​
    En el viaje sin retorno donde se traza lo astral,
    ...mi espíritu se desprende y visualiza lo banal.

    Y revientan olas altas
    por allá en alta mar...
    y se me pasó la vida,
    con el pendiente de amar.​
  2. Voy subiendo despacio
    para alcanzar la cima
    donde se esconde el amor;
    cabalgo sigilosa
    por la ruta que construyen
    las gaviotas al pasar,
    ...y me uno con cautela
    a su vuelo desdeñoso
    sobre el verde y ancho mar.

    Caen gotas del cielo que encierran mi alma
    en burbujas de cristal...
    una mariposa se posa cautelosa en el espejo
    de los lagos...
    y en el reflejo de la sombra de las ramas del manglar.

    Y subo los escalones de un acantilado más,
    mientras lloran los cenzontles
    sobre el rojo del coral.

    Salpica al horizonte la luz del sol al pasar,
    enamorando con rosas a mi espíritu inmortal,
    ...un acantilado en el alma
    del amor que me amó más,
    hoy sucumbe a la tormenta
    en el cenit de la mar.
  3. Estoy escribiendo entre líneas al amor una canción,
    estoy dispuesta a robarle en un suspiro el corazón;
    este verso es para el hombre que abrevió mi querer,
    en mis noches de lujuria,
    bajo el manto del placer.

    Si por alguna razón
    no pudiera amarlo
    como pienso de verdad,
    cristalizaría con mi alma
    mis lágrimas en soledad,
    sería un gorrión cansado de volar por el jardín,
    sin poder tomar el néctar de sus labios carmesí,
    o al deleite que adormece a las notas del violín,
    que en una abreviatura
    traspasa como una espina
    al níveo y casto jazmín.

    Soy la diva apasionada que no entiende de razón...
    la que abrevia entre líneas
    cómo sufre por su amor,
    la que soñando se pierde
    por la espesura del bosque,
    con el canto de los gansos, garzas verdes y cenzontles.

    Y aquí termino abreviando al amor de mis quereres,
    que perturba amenazando al delirio y sus placeres. ​
  4. Me abandoné al cariño que me daba su querer,
    entre las sábanas blancas del embrujo del placer;
    junto a los cienes de estrellas
    que van cayendo del cielo,
    bajo el manto de la noche
    y la magia del vergel.​

    Y navego en el lago de las nobles emociones,
    abrazándome a la almohada donde anidan las pasiones,
    o al río que sereno se ha enrutado al ancho mar.​

    Descubrí en el espejo el reflejo del amor,
    el sabor de aquellos besos que no daba por temor,
    a la luz de la luna se dibujaron los cuerpos,
    me abandoné de nuevo...le entregué el corazón.​

    Cada ápice de hormona se orgasmó en mi piel,
    me hicieron enloquecer y eclipsarme de deseo
    en el largo anochecer.​

    Hoy abandono mis querencias
    porque no le he vuelto a ver,
    sólo sueño en encontrarle
    y en volver entre sus brazos
    de placer a estremecer.​
  5. Empezando a amanecer, el sol se opacó
    en severo concubinato con la luna del amor,
    no llegó a imaginar si causaba algún dolor,
    se eclipsaba sutilmente en el edén del querer,
    bajo el placer ansioso que le hacía estremecer.

    Pasaban lentas las horas
    y las nubes empurradas lloraban y lloraban;
    sus lágrimas caían como sudor clandestino
    sobre el vergel de la aurora,
    mojando la huella inerte camuflada en la neblina,
    de la gris y airosa bruma
    que despacio le devora.

    Pétalos de claveles y magnolias asedadas,
    aparecen de repente contrastando al arcoiris;
    al oeste el horizonte
    escucha reir al río
    y al espíritu del bosque.

    Aturdida de dolor
    mi alma pena por pasión,
    dejando escapar al beso
    que llegó en la noche obscura, bajo un creciente de luna; deteniendo el viaje vitalicio
    de las rosas que marchitas,
    se enrumbaban hacia el limbo; por el infierno donde arden nuestras estrellas dormidas, junto al cráter de Neptuno, con las constelaciones
    y luceros taciturnos.

    Yo, esa ostra vacía
    que aun no había sido herida.
    Sentía abierta la llaga
    de un amor que penetró
    cual turbulento grano de arena.

    ...Era débil su sentimiento
    y me recubrí de nácar,
    tratando de cicatrizar
    el cruento dolor
    de mi angustiado tormento.

    ...Y aun me aturde la lágrima, el dolor y el sufrimiento...

    Amanece otra vez.
    Mi alma resentida carece
    de misericordia para concederle el perdón;
    sigue soñando despierta en que no le dejará de amar...
    y, vuela borracha
    por el néctar de ese amor,
    que le lame las heridas
    y lastima su pasión.
  6. Se embelezó mi espíritu
    ante un amor inmortal,
    bajo la luna llena
    reflejándose en el mar;
    en la nívea espuma
    de la sonrisa salitrada
    del ángel azul que vive
    en la burbuja de vidrio
    que se eleva y se detiene
    en los troncos del manglar.

    Las estrellas se encantaron
    cuando hicieron el amor,
    se osgarmaron en el cielo
    refugio de su pasión;
    su emoción cautivó
    a un horizonte que enamora,
    a la emoción que desvanece
    con los rayos de la aurora.

    El tiempo está sollozando...
    las hojas de los limonarios
    suavemente se han caído
    sacudidas por el viento;
    la lengua de los cerros
    saboreando a las montañas,
    aumentan el amor
    por el hombre que ella extraña.

    Las piedras que arrastra el río,
    se han encantado de risa;
    el elíxir de las flores,
    se congeló en el soñar;
    las hojuelas de nieve
    se pavonean en el aire
    desgreñado por la bruma,
    acentuando los quereres
    de la brisa aun copiosa
    sobre el alma de los árboles,
    entre ayes tormentosos,
    de un lamento que embruja.

    La rosa se encantó
    del aliento que fascina,
    y ha donado sus espinas
    para no hincarle más;
    su espíritu despierta
    de la realidad mortal,
    sin saber de las disculpas
    que le dió el sol al pasar,
    porque el cuerpo que tenía
    no era esencia de su origen,
    sino garúa escondida
    en la sombra que fallece
    por la magia que enloquece
    al ataviado tulipán.

    Encantado encantamiento,
    magia blanca o brujería,
    haz que su amor borre
    mi nostalgia y mi agonía.
  7. Van cantando entristecidas
    las verdes olas del mar;
    el sol y la luna juntas,
    la flor blanca de azahar...
    es que no encuentran aun
    la forma de adivinar,
    el secreto escondido
    en el silbido de los vientos,
    sobre el pasar de los siglos,
    y el rítimico andar del tiempo.

    Hechizo de magia blanca,
    maleficio de bondad
    ...encauza todo el poder
    que está en el velo incierto
    de la bola de cristal;
    logra que vuelva otra vez,
    haz que me llegue a amar,
    y que en mi presente aciago
    no me quiera abandonar.

    Sortilegio que la bruja
    con sus manos terminó,
    concibiendo con su péndulo
    enredarlo en el amor...
    en los versos del poeta
    que son canto en lira y prosa,
    sinfonía de un cenzontle
    cuando se ha escondido el sol.

    Tengo tu foto en mi alcoba
    junto al jarro de cristal...
    enciendo una vela oscura
    ...creo en volverte a enamorar
    y con aroma a canela,
    albahaca y mirra,
    espero algún día poderte reencontrar.

    Ese filtro que me ayuda
    a encariñarme más y más,
    solamente encadena
    a mi corazón traicionero,
    a ese llanto doloso
    por la tortura que le apena.

    Maleficio, magia blanca,
    hechicera brujería,
    se han roto las cadenas
    que a tu espíritu me unía;
    el llanto de las nubes
    borró mi poesía,
    y al soplo que a mis días
    una vez le diera vida.
  8. La música lleva consigo
    signos y preceptos de amor;
    en la voz de una libélula
    las notas de mi dolor;
    veo al sol en el cielo
    acariciar el color
    de los bosques y océanos;
    ...y en la arena blanca
    del cuerpo de los recuerdos,
    se entierra cada minuto
    que vivimos tú y yo.

    El sonido del agua
    que cae del manantial,
    va abrazando el fiel secreto
    de las horas al pasar,
    al susurro de los montes,
    al llanto del horizonte,
    y al brillo de esa estrella
    que ilumina su mirar.

    Escucho pasar al tiempo
    con cada grano de arena
    que resbala del reloj;
    la semántica del suspiro
    deja sentir su andar,
    y enllava pendenciera
    la ilusión de mi soñar.

    ¡Esta es la regla sistemática
    de cariño, luz y paz!.

    Es el código secreto
    de mi mensaje fortuito;
    es el anhelo que gime,
    entre el viento que deambula
    por los altos abedules;
    es el murmullo creciendo
    en el corazón de las hojas,
    cayéndose y marchitándose,
    porque les dejaron solas.
  9. El océano te mece descarnada,
    entre el verde del follaje
    y el azul del cielo;
    entre un mar de nubes
    recubriendo la selva;
    con el encanto de un poema,
    dando vida a una canción.

    Tu corazón analfabeto
    no supo de su traición...
    daba latidos lentos
    por la pasión de un amor;
    se apoderó de tu boca
    como un místico sediento;
    te dió besos enamorados
    para robarte el aliento.

    ¡Veneno de cascabel,
    corriendo entre mar y sombra!.

    ...Te veo mutilada,
    cayendo sobre las rocas;
    un remolino de muerte,
    te hizo perder el color
    de la esencia de la vida...
    y te perdiste en la sabana,
    bajo la lluvia de plata
    de las estrellas dormidas;
    bajo un diluvio de margaritas,
    iluminando la cascada,
    que resbala lentamente
    hacia el lago de caramelo.

    Tus besos fueron el manjar,
    con que curó su amargura,
    tras del juego seductor
    de dalias y gladiolas.
    Y se evaporó el dolor,
    cediendo paso a las andanzas
    de su alegre corazón.

    Él aun llora tu partida.
    Tú eras el oxígeno
    que daba vida a su vida.
    Aunque niega la existencia
    de aquel nostálgico delirio,
    buscó el antídoto en el tóxico
    de su desesperación.

    ...Se ha aferrado al aliento del viento,
    con aroma a zapoyol;
    viaja con el agua de los ríos,
    donde se devuelve el tiempo,
    buscando por doquier
    [al cariño que murió.
    Ahí... donde crece la cimiente
    del capullo de los cocos,
    y el alma del planeta se apaga
    [con la sombra,
    del entristecido horizonte,
    que por última vez te vió
    junto a la muerte pasar.

    ...¡Descarnada!.
    Tu espíritu viaja pensativo
    por el cañaveral;
    en cada gota de lluvia
    que cae sobre el coral;
    en cada fósil de roca,
    que ha erosionado el mar.

    Se puede alejar tu alma
    tranquila a descansar;
    protegiéndose en la luna,
    con la magia del querer;
    esperando con paciencia
    su llegada,
    para encontrarle otra vez;
    y darle los besos guardados
    en el tibio atardecer.