1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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  1. Menos guasa con las musas

    Por la noche me he vuelto temeroso
    y tanta oscuridad me solivianta,
    pues noto que me aprietan la garganta
    y no es por el fumar, porque no toso.

    Es algo que me aflige, y tenebroso
    tan solo de pensarlo ya me espanta,
    me duermo acurrucado en una manta
    con sueños de ectoplasmas sin reposo.

    Me temo sean cosas del Parnaso,
    si todo perjudica cuando abusas
    podría ser adicto, ya recelo.

    Lo malo es escuchar paso tras paso
    temiendo que se acerquen nueve musas
    y ensuciar mis calzones del canguelo.
  2. Simposios poéticos

    A ver en qué simposios de poetas
    se obtienen tan dogmáticas sentencias,
    qué posters y qué expertas conferencias
    a cuántas letras tachan de obsoletas.

    A ver qué conclusiones, las concretas,
    se sacan de sus múltiples ponencias,
    y a qué debe atenerse, por sus ciencias,
    el común, cuando hablan los estetas.

    A ver el memorándum lo que enseña
    al vate sin recursos, de allí ausente
    sin ver cada sesión lo que destila.

    A ver si a algún poeta es que desdeña
    la élite si escribe lo que siente
    y no de la manera que se estila.
    A E.Fdez.Castro, Callejero60 y SHERIDAM les gusta esto.


  3. Su Voz

    Su Voz no suena como el rayo o el retumbo,
    no viene con estruendos con lluvia o con tormenta,
    se escucha en lo que menos parece o representa,
    en el llanto de un niño, en el sur de algún rumbo.

    Su Voz está ahogada, acaso, si la arrumbo,
    y pongo en los placeres la vida, y se contenta
    en falsas esperanzas, y en sinrazón se asienta,
    y en lo falaz del mundo más vano me derrumbo.

    Su Voz es la que sufre, y es la que sin abrigo
    me pide una moneda con anhelante gesto,
    susurra en el ajado rostro de aquel mendigo

    que siendo inoportuno pudiera ser molesto;
    su Voz es la sincera del Padre y del Amigo,
    y es la más incansable, y más, si no contesto.


  4. Mi sueño


    No hay nada más bonito que volar.
    Me refiero a volar contigo, de la mano.
    Me miro al espejo todas las mañanas
    y pienso en cómo luchar, en cómo ganar mi batalla;
    soñando en algún día en que, sin buscarte, aparezcas.
    Y aparezcas para quedarte. Siempre.
    Pero la verdad no es tan sencilla, no es tan sencillo todo.
    La guerra no se gana mirándose uno mismo en el espejo.
    La guerra, nuestra guerra, la ganamos mirando al horizonte.
    Somos muy ciegos. Todo lo vemos oscuro.
    Debemos levantar la mirada, y mirar a quien queremos.
    A esa persona con la que volamos.
    Es triste volar solo sobre el vacío constante.
    Volar solo por odio, por terror, por amargura.
    En cambio, volar contigo es el sueño de mis luchas.
    Porque no imagino una vida
    sin tu olor, sin tu mirada, sin tu gesto, sin tu voz.
    Porque no imagino una vida sin ti.
    No la imagino.
    Por eso, esta mañana..., cuando aparté mis ojos del sueño,
    cuando he sentido en mis pies el frío suelo,
    cuando me encontré en el espejo, me he prometido una cosa,
    jamás te dejaré de mirar. Porque aunque choquemos
    lo haremos juntos, nos levantaremos juntos.
    Tú y yo, hasta el fin del mundo.

    José María González Alconchel es el quinto de mis hijos.



  5. Hermanos


    Hermanos, los que estáis en lejanía
    tras las aguas inmensas, los cercanos
    de mi España natal, todos hermanos
    los que habláis esta lengua que es la mía.

    Yo digo "amor", yo digo "madre mía",
    y atravesando mares, sierras, llanos
    -¡oh gozo!-, con sonidos castellanos,
    os llega un dulce efluvio de poesía.

    Yo exclamo "amigo" y en el Nuevo Mundo,
    "amigo" dice el eco, desde donde
    cruza todo el Pacífico y aún suena.

    Yo digo "Dios", y hay un clamor profundo;
    y "Dios", en español, todo responde,
    y "Dios", sólo "Dios", "Dios" el mundo llena.

    Dámaso Alonso
    (1898 - 1990)

    Fuente: http://www.tiempodepoesia.com/tiempo/grandespoetas/dalonso1/dalonso1.html


  6. Para Dvaldés glosando a Dámaso Alonso
    en su soneto "Hermanos"


    Ay sí, nadar, nadar, contracorriente,
    entre las marejadas y las olas,
    entre vicisitudes, siempre a solas,
    en este mundo extraño, y displicente.

    Entonces aparecen, de repente,
    sus voces en mil claras aureolas
    o bien en murmurantes caracolas
    con una lengua hermana dulcemente.

    Y en ella tal grandeza es cuando asoma
    que todo cuanto es dicho en nuestro idioma
    cruzando el mundo entero aún resuena,

    volando el mar, la sierra, o por el llano;
    si digo "amigo en Dios" , y en castellano,
    la boca con "hermano" se me llena.

    "Hermanos" de Dámaso Alonso se puede encontrar en este mismo Blog en la siguiente entrada de la cual dejo el enlace: http://www.mundopoesia.com/foros/entrada-blog/de-damaso-alonso-hermanos.27912/
    A Dvaldés le gusta esto.


  7. Villancico de un sueño de niño



    Duérmete, mi niño, duerme,
    duérmete para soñar,
    que te vamos a tapar,

    Eres, mi niño, en mis brazos,
    mi vida, también mi anhelo
    eres tú de mis abrazos
    un regalillo del cielo.

    Ay mi niño, vuelo y vuelo
    soñando por tu soñar
    cuando te vengo a tapar.

    Te quiero tanto dormido
    que a veces yo te despierto,
    a besos, pierdo el sentido
    por verte de ellos cubierto.

    Eres barquilla en el puerto
    de mis brazos, al soñar
    que te he venido a tapar.

    Después de abrir el postigo
    de la ventana, ninguna
    mantilla es mejor abrigo
    que mis brazos con la Luna.

    Mil estrellas, una a una,
    vienen a verte soñar,
    te quieren también tapar.

    Revolotean el cuarto
    de luces las mariposas,
    son los besos que reparto
    en tus dos mejillas rosas.

    Las noches más luminosas
    serán si te ven soñar,
    te saben muy bien tapar.

    Hay en todo un gran sigilo
    y nada tiene ya prisa
    solo por verte tranquilo
    dormir con una sonrisa.

    Calmada y cálida brisa
    entra y te deja soñar,
    te envuelve y te va a tapar.

  8. A Lesmo
    (otoñal)

    Con buena vibra viene tu presagio.
    Imagino el paisaje amarillento
    junto al llamado del flautín del viento
    que al otoño extasía con su adagio.

    Del glamour de tus obras me contagio
    y aunque a veces las reglas yo violento
    amo tus rimas —cómoda me siento—
    y se niega mi cálamo al naufragio.

    Nardos de oro en nuestros universos:
    la luna, el sol y tus genuinos versos;
    tanto rielar me deja sorprendida.

    Con tus cantares —gráciles cristales,
    joyeles en mis campos otoñales—
    le traes panaceas a mi vida.

    Ligia Calderón Romero.


    Aquel adagio

    Era en este lugar que en la mañana
    me sorprendí, no tanto por tu verso,
    quizás por renovarme el universo,
    y comprendí al otoño en tu ventana.

    Pues era ya el otoño, Ligia, hermana,
    voló mi pluma, sí, por el anverso
    de una hoja caduca, aún con terso
    matiz amarillento y vetas grana.

    Era otoño, y llamaba a aquella puerta,
    dejándome la hoja que, aun muerta,
    parecía ser como un gran presagio.

    Era otoño otra vez con sus reflejos,
    con multitud de ocres, y a lo lejos,
    oí, y cómo de hermoso, aquel adagio .

    Salva González Moles

    Vengo aquí a publicar el soneto que la grandísima Ligia me escribió en respuesta a uno mío y publicó en su esmerado blog. El segundo que van a leer es mi respuesta a éste. Todo bajo el bandoneón de Astor Piazzolla en su "Otoño Porteño". Con mi admiración y gratitud a Ligia por su presencia constante y estos sensacionales momentos de amistad y poesía.

    Salvador González Moles.


  9. Duerme, duerme con la Luna


    En el cubo de una fragua
    se vino a posar la Luna,
    y después saltó del agua
    para quedarse en tu cuna.

    ¡Ay mi niño, se ha vencido
    con la Luna, y se ha dormido!

    Madre, ¿la viste sonriente
    cuando lavaste en el río
    saltar sobre la corriente
    la lunita del bajío?

    ¡Ay mi niño, me la arranca
    la pena esta luna blanca!

    Madre, no quiero las mantas,
    tu risa como ninguna
    y tu voz cuando me cantas
    canciones bajo la Luna.

    ¡Ay mi niño, tiene pena
    que venga la Luna llena!

    Es mi niñito pequeño
    príncipe de mis antojos,
    la Luna vela su sueño
    y no le quita los ojos.

    ¡Ay mi niño, yo me quedo
    contigo, no tengas miedo!

    Tú duerme, que estoy contigo
    y mi mano que te acuna
    abrió despacio el postigo
    para que entrara la Luna.

    ¡Ay mi niño, sin temores
    duérmete con mis amores!

    Hijo, viene del jardín,
    para ti fresca la brisa,
    se enredó por el jazmín
    con la Luna y tu sonrisa.

    ¡Ay mi niño, con derroche
    te hace caricias la noche!

    Mi amor, no se te despega,
    la Luna que por ti brilla
    parece contigo juega
    de mejilla a otra mejilla.

    ¡Ay mi niño, qué contento
    se ha puesto con este cuento!



  10. Tango de invierno


    Sola está la noche.
    Solo está el invierno.
    Sola la tristeza.
    Solo el color negro.

    Un vaho caliente
    acaricia el cuello.
    Hoy son las miradas
    de fiebre y de fuego.

    La espalda se arquea,
    se elevan los senos,
    hoy todo está curvo
    como en el océano.

    Hay lágrimas secas
    y amor en los celos,
    besos de amargura
    que roban alientos.

    El vino y el tango
    derriten el hielo.
    Sola melodía:

    “Invierno Porteño”.*

    * “Invierno Porteño” de Astor Piazzolla
    A Pessoa, manuelo, Callejero60 y 1 persona más les gusta esto.


  11. Esas bellas palabras

    Esas bellas palabras que de tu boca vienen,
    aparecen, de pronto, para inundar mi oído,
    para segar mis penas, para darle sentido
    a la vida que pasa, tanta hermosura tienen.

    Son esas, si las dices, serán las que convienen,
    las que más apacientan sin hacer ningún ruido,
    las que llegan y apagan mi trémulo gemido
    y las que, sin saberlo, más y mejor sostienen.

    Son esas tus palabras, delicadas y amables,
    las que me dan apoyo como tiernas alfombras,
    las que no soliviantan y son inolvidables.

    Son esas, por ser tuyas, poeta, no me asombras,
    y serán siempre mías porque serán palpables
    señales amorosas, con las que tú me nombras.
    A E.Fdez.Castro le gusta esto.


  12. Olvido

    Si miras a tu hijo en su calvario,
    su mente que es su cruz y su martirio
    que oculta su morado como un lirio
    desde tu gran silencio en el sagrario.

    Ves a tus predilectos a diario
    que acuden, se perfuman con el cirio
    pascual, en tanto yo con mi delirio
    enfermo, vago triste y solitario.

    Y Tú, si a Lázaro que ya podrido
    sacaste de la tumba perfumado,
    sabrás que en mi yacija muerto he sido.

    Si Tú pasas de largo por mi lado
    sabrás, de sobra sabes de tu olvido
    y así por qué razón me has olvidado.
    A E.Fdez.Castro le gusta esto.


  13. Los frescos de San Nicolás
    de Valencia


    Detalle tras detalle no visible
    a causa de la altura en lejanía;
    es claro que el autor lo pintaría
    ajeno del aplauso apetecible.

    Un juego de color, en imposible
    equilibrio, en la bóveda ponía,
    allí que solamente lo vería
    aquel cuya mirada es infalible.

    Allí, que la herramienta del obrero
    trabajó en diminutas perfecciones
    donde no llegaría el ojo humano;

    y sólo por dejar, con todo esmero,
    a tan Grande Señor las oraciones
    del arte que salía de su mano.
    A Bernardo de Valbuena le gusta esto.
  14. Por sentirte, al leer, algo mejor

    Prefiero para ti el itinerario
    que tenga en la palabra lo bastante,
    tal vez, sin la metáfora impactante,
    huida del exceso lapidario.

    No quiero destilar del diccionario
    esencias de perfume mareante,
    que no debas ponerte ningún guante
    por algo que saqué del anticuario;

    tampoco de sí mismo poseído
    el verso que se mira sin pudor
    y al cabo nada es para tu oído.

    No necesita afeites el candor;
    si acaso me acerqué solo habrá sido
    por sentirte, al leer, algo mejor.
    A malco le gusta esto.
  15. La palabra
    Juan, I, 1; Mat, VI, 9.

    Llave del ser, fue en un principio el verbo
    por él que se hizo todo cuanto muda
    y el verbo es la cadena con que anuda
    Dios los dispersos granos de su acervo.

    Por él el hombre deja de ser siervo,
    se vale de él en la batalla ruda
    y en él la apaga cuando su alma suda
    como en la fuente tras de acoso el ciervo.

    Sea de Dios santificado el nombre
    que es Dios también, pues fue con la palabra
    como creara el mundo en un principio.

    Con la palabra, como Dios, el hombre
    su realidad de ideas forja y labra:
    nunca la profanéis a huero ripio.

    Salamanca, 28-IX-1910.
    Miguel de Unamuno


    Fuente. Poesi.as