1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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  1. Las hojas apenas eran nada

    La hojas de ese camino que se florecía,
    eran solo una pizca de lo que la vida le había regalado;
    una sensación de calma con él mismo
    acompañada de un silencio reflexivo
    que le hizo ver lo especial que es vivir.

    Esa conversación interna que despierta al niño sin rumbo,
    es lo que le hace ser quien es.
    Ese niño que camina por un laberinto rocoso con zapatos de oro
    improvisando sobre la amargura y el miedo
    sobre una sombra infinita que parece brillar.

    Tal es la inocencia pobre de ese niño
    que no es capaz de ver el fondo del camino.
    Ese niño que siente latentes chispazos difíciles de disimular,
    viéndose, así, en su gesto, esa parsimonia destructora
    que lo consume.

    Ese niño controlado por el Tiempo, que desea vencer,
    que desea descubrir en silencio qué es la música,
    que le invade el ser amado, que está lleno de querer.

    Ese, solo, que espera con impaciencia a que la luz
    que asoma por debajo de la puerta alcance a iluminar
    la habitación entera, llegará a escribir con sus manos
    un cuento que nadie leerá; un cuento apartado de la oscuridad
    que jamás nadie leerá.

    Un cuento que narrará la verdadera historia de su vida.


    José María González Alconchel, noviembre de 2019.
    A E.Fdez.Castro le gusta esto.


  2. Tristeza


    Tristeza mala amante y compañera,
    que restalla el costado cuando alcanza
    y dobla el espinazo a la esperanza
    mostrando así la muerte que libera.

    Tristeza, en el bullicio, es la sordera,
    que afila las palabras como lanza,
    que vuelca al mal el fiel de la balanza,
    haciendo un gran canchal la carretera.

    Tristeza que se arraiga y que enraíza,
    que mata la ilusión, que paraliza,
    que embosca el precipicio del abismo.

    Tristeza que a sí misma se alimenta,
    matando sin matar, que así atormenta,
    y al triste vuelve esclavo de sí mismo.
    A Pessoa, E.Fdez.Castro, Halcon 0 y 2 otros les gusta esto.


  3. La tarde caía en Sevilla


    La tarde que caía
    se llenaba de arrullos lentamente
    del Betis que se oía
    ser manso, dulcemente,
    y muy claro era entonces, y sonriente.

    No dejes de mirarme,
    no dejes de pasar junto a mi puerta,
    si vienes a buscarme
    debieras estar cierta,
    Sevilla, para ti, que estará abierta.

    No dejes mi memoria
    vacía de azahar hecho guirnalda,
    ese que huele a gloria,
    que caiga por mi espalda
    como hace la sombra en la Giralda.

    Naranjos de Sevilla,
    alberos de los parques y jardines,
    con su alfombra amarilla,
    y rejas con jazmines,
    son perfectos acordes de violines.

    Sevilla que en el alma
    tiene un patio de verde limonero
    y allí el recuerdo en calma
    es imperecedero,
    de mi gente, de tanto que los quiero.
  4. A José Galeote Matas,
    ilustre iznajeño.

    Iznájar

    Se extiende un pueblo blanco en la ladera
    entre el atardecer y la amarilla
    luciérnaga que apenas ahora brilla
    mostrando la campiña olivarera.

    Arriba, solitaria, la señera
    iglesia, y el castillo de la villa,
    y al fondo, en un gran lago, una barquilla
    de ensueño a mis pesares aligera.

    Allí, con una hermosa partitura,
    que sale de unas cuerdas –y lo tenso–,
    parece que me atrae, por magnética

    y envuelta en esas notas, la blancura;
    entonces aparece el campo inmenso
    tras el portal de Iznájar a la Bética.

    Nota: La partitura a la que hace mención el poema se trata la de la obra "Iznájar (Fantasía Andaluza)" cuyo autor y compositor es José Galeote Nadal, hijo de nuestro compañero y poeta José Galeote Matas y Lola Nadal, también poeta ella. Está interpretada por el gran guitarrista Jacob Cordober. Queda aquí para quienes gusten de disfrutarla.
    A Halcon 0, pepesori, manuelo y 3 otros les gusta esto.
  5. I

    Recuerdo fugaz

    Casi como la llama de una vela,
    a veces diminuta y titilante,
    llega para quedarse algún instante
    la imagen que persiste de mi abuela.

    Y en esa vibración de la candela
    se escucha algún perol burbujeante,
    el guiso va esparciéndose humeante
    y está sobre el mantel limpio, de tela.

    También recuerdo oler en el verano
    el cuenco que servía de aceitunas
    y el plato de embutidos y de queso.

    Y luego una caricia de su mano
    con unas advertencias oportunas
    del río y sus peligros, con un beso.

    II

    La infancia duradera

    De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
    de su mano, me iba a ver el tren
    y el tiempo lo pasaba en el andén
    llevándome el olor en todo el pelo.

    El ruido parecía ser del Cielo,
    silbidos, y el metálico vaivén,
    y el quiosco, sobre todo, un almacén
    de ilusiones y dulce caramelo.

    Tenía, a los tres años, vocación
    de jefe, nada menos, de estación
    por la gorra, el silbato y la bandera.

    Y ahora, al resurgir de la memoria,
    la gran protagonista de la historia
    es la infancia feliz, y duradera.
    A Halcon 0, pepesori, BEN. y 1 persona más les gusta esto.


  6. En los recuerdos de un rey

    Tras la egregia figura del Veleta
    casi con la humildad de una colina,
    a su izquierda tan solo se adivina,
    enhiesto, el mascarón de una goleta.

    Y le clava en los cielos su saeta
    aquel grande de España que ilumina
    como un faro a la Vega Granadina
    cuando el sol en su nieve se le aquieta.

    Pujen alto, adalid de la alturas,
    no se escondan y muéstrense de quien
    son los altos torrentes de aguas puras.

    Fue quedarse, marchándose también
    cada risco en su llanto de amarguras
    para el rey desterrado, el Mulhacén.
    A Halcon 0, pepesori, BEN. y 1 persona más les gusta esto.


  7. Un día me llamaste

    Un día me llamaste por mi nombre
    y, de pronto, entonces, respiraba,
    me[ puse a caminar, y ya era un hombre,
    sentí en mi corazón que se me amaba.
    Un día, tras mirarme en el espejo,
    noté a quien sonrïéndome era viejo.
    Un día tuve ganas ya de verte
    en todo Tu esplendor y en el Amor,
    y tras unos momentos de dolor,
    a Ti volví en los brazos de la muerte.
    A pepesori, BEN. y E.Fdez.Castro les gusta esto.
  8. Menos guasa con las musas

    Por la noche me he vuelto temeroso
    y tanta oscuridad me solivianta,
    pues noto que me aprietan la garganta
    y no es por el fumar, porque no toso.

    Es algo que me aflige, y tenebroso
    tan solo de pensarlo ya me espanta,
    me duermo acurrucado en una manta
    con sueños de ectoplasmas sin reposo.

    Me temo sean cosas del Parnaso,
    si todo perjudica cuando abusas
    podría ser adicto, ya recelo.

    Lo malo es escuchar paso tras paso
    temiendo que se acerquen nueve musas
    y ensuciar mis calzones del canguelo.
  9. Simposios poéticos

    A ver en qué simposios de poetas
    se obtienen tan dogmáticas sentencias,
    qué posters y qué expertas conferencias
    a cuántas letras tachan de obsoletas.

    A ver qué conclusiones, las concretas,
    se sacan de sus múltiples ponencias,
    y a qué debe atenerse, por sus ciencias,
    el común, cuando hablan los estetas.

    A ver el memorándum lo que enseña
    al vate sin recursos, de allí ausente
    sin ver cada sesión lo que destila.

    A ver si a algún poeta es que desdeña
    la élite si escribe lo que siente
    y no de la manera que se estila.


  10. Su Voz

    Su Voz no suena como el rayo o el retumbo,
    no viene con estruendos con lluvia o con tormenta,
    se escucha en lo que menos parece o representa,
    en el llanto de un niño, en el sur de algún rumbo.

    Su Voz está ahogada, acaso, si la arrumbo,
    y pongo en los placeres la vida, y se contenta
    en falsas esperanzas, y en sinrazón se asienta,
    y en lo falaz del mundo más vano me derrumbo.

    Su Voz es la que sufre, y es la que sin abrigo
    me pide una moneda con anhelante gesto,
    susurra en el ajado rostro de aquel mendigo

    que siendo inoportuno pudiera ser molesto;
    su Voz es la sincera del Padre y del Amigo,
    y es la más incansable, y más, si no contesto.
    A BEN., E.Fdez.Castro, Pessoa y 2 otros les gusta esto.


  11. Mi sueño


    No hay nada más bonito que volar.
    Me refiero a volar contigo, de la mano.
    Me miro al espejo todas las mañanas
    y pienso en cómo luchar, en cómo ganar mi batalla;
    soñando en algún día en que, sin buscarte, aparezcas.
    Y aparezcas para quedarte. Siempre.
    Pero la verdad no es tan sencilla, no es tan sencillo todo.
    La guerra no se gana mirándose uno mismo en el espejo.
    La guerra, nuestra guerra, la ganamos mirando al horizonte.
    Somos muy ciegos. Todo lo vemos oscuro.
    Debemos levantar la mirada, y mirar a quien queremos.
    A esa persona con la que volamos.
    Es triste volar solo sobre el vacío constante.
    Volar solo por odio, por terror, por amargura.
    En cambio, volar contigo es el sueño de mis luchas.
    Porque no imagino una vida
    sin tu olor, sin tu mirada, sin tu gesto, sin tu voz.
    Porque no imagino una vida sin ti.
    No la imagino.
    Por eso, esta mañana..., cuando aparté mis ojos del sueño,
    cuando he sentido en mis pies el frío suelo,
    cuando me encontré en el espejo, me he prometido una cosa,
    jamás te dejaré de mirar. Porque aunque choquemos
    lo haremos juntos, nos levantaremos juntos.
    Tú y yo, hasta el fin del mundo.

    José María González Alconchel es el quinto de mis hijos.



  12. Hermanos


    Hermanos, los que estáis en lejanía
    tras las aguas inmensas, los cercanos
    de mi España natal, todos hermanos
    los que habláis esta lengua que es la mía.

    Yo digo "amor", yo digo "madre mía",
    y atravesando mares, sierras, llanos
    -¡oh gozo!-, con sonidos castellanos,
    os llega un dulce efluvio de poesía.

    Yo exclamo "amigo" y en el Nuevo Mundo,
    "amigo" dice el eco, desde donde
    cruza todo el Pacífico y aún suena.

    Yo digo "Dios", y hay un clamor profundo;
    y "Dios", en español, todo responde,
    y "Dios", sólo "Dios", "Dios" el mundo llena.

    Dámaso Alonso
    (1898 - 1990)

    Fuente: http://www.tiempodepoesia.com/tiempo/grandespoetas/dalonso1/dalonso1.html


  13. Para Dvaldés glosando a Dámaso Alonso
    en su soneto "Hermanos"


    Ay sí, nadar, nadar, contracorriente,
    entre las marejadas y las olas,
    entre vicisitudes, siempre a solas,
    en este mundo extraño, y displicente.

    Entonces aparecen, de repente,
    sus voces en mil claras aureolas
    o bien en murmurantes caracolas
    con una lengua hermana dulcemente.

    Y en ella tal grandeza es cuando asoma
    que todo cuanto es dicho en nuestro idioma
    cruzando el mundo entero aún resuena,

    volando el mar, la sierra, o por el llano;
    si digo "amigo en Dios" , y en castellano,
    la boca con "hermano" se me llena.

    "Hermanos" de Dámaso Alonso se puede encontrar en este mismo Blog en la siguiente entrada de la cual dejo el enlace: http://www.mundopoesia.com/foros/entrada-blog/de-damaso-alonso-hermanos.27912/
    A Dvaldés le gusta esto.


  14. Villancico de un sueño de niño



    Duérmete, mi niño, duerme,
    duérmete para soñar,
    que te vamos a tapar,

    Eres, mi niño, en mis brazos,
    mi vida, también mi anhelo
    eres tú de mis abrazos
    un regalillo del cielo.

    Ay mi niño, vuelo y vuelo
    soñando por tu soñar
    cuando te vengo a tapar.

    Te quiero tanto dormido
    que a veces yo te despierto,
    a besos, pierdo el sentido
    por verte de ellos cubierto.

    Eres barquilla en el puerto
    de mis brazos, al soñar
    que te he venido a tapar.

    Después de abrir el postigo
    de la ventana, ninguna
    mantilla es mejor abrigo
    que mis brazos con la Luna.

    Mil estrellas, una a una,
    vienen a verte soñar,
    te quieren también tapar.

    Revolotean el cuarto
    de luces las mariposas,
    son los besos que reparto
    en tus dos mejillas rosas.

    Las noches más luminosas
    serán si te ven soñar,
    te saben muy bien tapar.

    Hay en todo un gran sigilo
    y nada tiene ya prisa
    solo por verte tranquilo
    dormir con una sonrisa.

    Calmada y cálida brisa
    entra y te deja soñar,
    te envuelve y te va a tapar.

  15. A Lesmo
    (otoñal)

    Con buena vibra viene tu presagio.
    Imagino el paisaje amarillento
    junto al llamado del flautín del viento
    que al otoño extasía con su adagio.

    Del glamour de tus obras me contagio
    y aunque a veces las reglas yo violento
    amo tus rimas —cómoda me siento—
    y se niega mi cálamo al naufragio.

    Nardos de oro en nuestros universos:
    la luna, el sol y tus genuinos versos;
    tanto rielar me deja sorprendida.

    Con tus cantares —gráciles cristales,
    joyeles en mis campos otoñales—
    le traes panaceas a mi vida.

    Ligia Calderón Romero.


    Aquel adagio

    Era en este lugar que en la mañana
    me sorprendí, no tanto por tu verso,
    quizás por renovarme el universo,
    y comprendí al otoño en tu ventana.

    Pues era ya el otoño, Ligia, hermana,
    voló mi pluma, sí, por el anverso
    de una hoja caduca, aún con terso
    matiz amarillento y vetas grana.

    Era otoño, y llamaba a aquella puerta,
    dejándome la hoja que, aun muerta,
    parecía ser como un gran presagio.

    Era otoño otra vez con sus reflejos,
    con multitud de ocres, y a lo lejos,
    oí, y cómo de hermoso, aquel adagio .

    Salva González Moles

    Vengo aquí a publicar el soneto que la grandísima Ligia me escribió en respuesta a uno mío y publicó en su esmerado blog. El segundo que van a leer es mi respuesta a éste. Todo bajo el bandoneón de Astor Piazzolla en su "Otoño Porteño". Con mi admiración y gratitud a Ligia por su presencia constante y estos sensacionales momentos de amistad y poesía.

    Salvador González Moles.