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Cartas sin destinatario, relatos y retAzos
Blog de poesía en MundoPoesía — lee las entradas, reflexiones y versos de este autor.
He visto florecer el universo cuando le diste un verbo a mi ignorancia y de pronto creí que el mundo era el cántaro que guarda las palabras. Después el duendecillo de tu voz caprichoso el umbral de mi ventana traspasó con sus pies almidonados,…
El camino se torna pedregoso. Diabólicas cabalgan las sombras bajo el almidonado tul que cubre el valle donde el áspid se desliza. "Lobo con piel de oveja" —finalmente— incrustas tus colmillos.…
Libélula y Ligia Calderón En tu elegante vuelo bella garza quisiera de tus alas ser la sombra, ese verso invisible que te nombra, cálamo que a tu pluma rauda engarza. Y en trazos armoniosos se desliza como la brisa en libertad, esa beldad que es…
Por ti... Por ti, mujer, mi voz y la palabra escrita, y todo cuanto pienso o digo con la boca, que Amor todo de ti cantar me lo suscita y cuanto hermoso veo a ti también me evoca. Por ti mi corazón por dentro me palpita, y de ansiedad de ti está mi…
Brindo por los sueños por la aurora por la tarde que vendrá posma y la noche que desterrará las tardes y las auroras por Matías que está tendido en la arena allende los mares mugen ausentes de mi presencia. Brindo por vosotros que alegráis el arte…
Esta manía de quererte musa sombría duele tu indiferencia. Fugaz asomas. Rebelde paso llevas paloma mensajera. Balbucea la noche almidonada tu nombre y reza tu plegaria. imagen tomada de la…
Lejano un lebrel narra con su ladrido los pormenores del instante mientras el viento peina la arboleda. Llovizna. Cose la madrugada sobre el césped sus lágrimas. Los negros ojos de esta noche mía me miran tras el cristal frívolo de…
Convoco al verbo en esta noche triste y rememoro el árbol que sembraste —cuando cayera el roble de tu parque— donde el céfiro afina sus violines. Tantos noviembres llenos de misterio. Tantos deslices del silencio roto por la efímera hoja del otoño…
Cántaro negro, tu pupila lleva el luto de las penas, la sombra de las sombras penitentes y un dejo de rocío por doquier. Los oxidados trenes, cargados de silencios, dormidos sobre los rieles de cristal; un laberinto sin salida y en los relojes…
Madre! Amapola de los campos míos. Terrenal ángel de cantoras manos Tienen alas tus pies y tu presencia luz para mis negruras. Duerme mi niño en tu regazo, virgen, mis sueños anclan las auroras tuyas a mi sacro universo de cristal aunque tus sienes…
I Calleja fugitiva te miro sin saber a dónde vas. El pájaro del sueño te sigue. Pierde su paso. Sus pies descalzos llevan equivocados caminos. II De par en par la puerta. ¡Pase, señor, señorita!, ¿quisiera… pasar el señorito? Tristones ojos por las…
Nada. Nada tengo. Ni el verso ni el papel ni la pluma ni el beso suyo. Ni el frío olvido de sus manos ni el bosque sosegado en su mirada. bosquejos para…
Los mares buscan tus navíos, yo, el mar que te seduce y el aire que respiras. ¡Oh fugitivo! Te pienso. Lejana voz, no tocas mis oídos. Caricia ausente, beso en fuga. Impronunciables: tu nombre, el eje de tu sombra y la senda que llevan tus zapatos.…
Siempre que te recuerdo mi noche se llena de pájaros, el cielo de astillas doradas. Mis labios, ¡ay mis labios claman por uno solo de tus besos! Mis manos florecen y el viento parece llamarte. A su llamado nadie responde. El viejo reloj, como si…
Iris. Sereno lienzo. Verde espera. Echó a rodar el viento sus palomas mensajeras de julio. Líneas blancas en níveo papel atisban el domingo de cristal al pie de mi almohada. La hojarasca y la lluvia convulsionan. Escupen los relojes al unísono un…
¿Matías, siguen los verdones jugueteando en tu pupila? Las mías han perdido el color de los olivos. ¡Matías! Busco la ruta de tus trenes por los senderos abrileños sin que tus pasos pueda encontrar en mis intentos. Dime cariño, ¿dónde te refugias?…
¿Matías, siguen los verdones jugueteando en tu pupila?, las mías han perdido el color de los olivos. ¡Matías! Busco la ruta de tus trenes por los senderos abrileños sin que tus pasos pueda encontrar en mis intentos. Dime cariño, ¿dónde te refugias?…
Para existir me bastan los latidos de su pecho su voz y su mirar la pausa de su aliento coqueteando con mis sueños me bastan sus tequieros las aves mensajeras dormidas en sus manos buscando a tientas la arcilla anónima que quiere ser…
Me pregunto si el luto de la noche es el mismo en tu casa que en la mía. Si gotea el invierno igual desde tu techo que del mío. Si son mis mariposas iguales a las tuyas. Si el hambre que yo siento se sacia con el pan que sirves en tu mesa. bosquejos…
Me hablas quedo al oído. Gimes. Gritas. Impotente me miras a los ojos. Indiferente esquivo tu mirada, tus ruegos, tus lamentos. ¿Hasta cuándo la mano destructora.. Hasta cuándo Natura, hasta cuándo…
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