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Soy un sabueso genial, huelo el crimen a distancia, investigo con constancia combatiendo siempre el mal. Y a mi agudeza mental
no se le escapa una pista; no hay caso del que desista, ni sospechoso al que absuelva ni crimen que no resuelva al primer golpe de vista.
Si he de ponerme un disfraz, lo mismo que Mortadelo, no me corto yo ni un pelo; pues soy osado y audaz al tiempo que perspicaz. Mi labor apasionante no me concede un instante de calma, me quita el sueño; en escudriñar me empeño con un afán incesante.
Me dedico con pasión a husmear por todas partes, -da igual domingo que martes-, recabando información. Mi vida es mi profesión y no abandono la presa hasta que al final confiesa, dándome por bien pagado si veo al reo encerrado, pues mi recompensa es esa.
Estaba el gato Panchito tranquilo y muy solazado a la jaula encaramado escuchando al periquito, que con su trino exquisito le llamaba la atención y no perdía ocasión de mirarlo, el muy taimado, pensando —¡Qué buen bocado, para darme un atracón!
Se acercó pausadamente y lo observó con fijeza a un palmo de su cabeza con un descaro evidente y el pájaro alegremente le cantaba su canción sin ver que la tentación cada vez era más fuerte, y en su inocencia no advierte de Panchito la intención.
Pero, mientras se decide, ve que con gracia infinita por allí pasa Florita y del ave se despide pues su deseo se divide y quiere partir tras ella ¡es una gata tan bella! y el pájaro de momento queda feliz y contento; lo salvó su buena estrella.
Aquí no nos privamos de nada.
Un zéjel con sabor medieval y alegres músicas de laúdes y ... lo que sea lo otro que suena. A la mitad parece que se acabe, pero sólo está cogiendo aire. En seguida se reanuda con sus coros y sus instrumentos.
Es el quid de la cuestión
poner en todo ilusión.
Una niña primorosa
bordaba una mariposa
con hilo de color rosa
y mucha concentración.
Es el quid de la cuestión
poner en todo ilusión.
Mientras su hermana danzaba
y una canción entonaba,
a su alrededor giraba
por toda la habitación.
Es el quid de la cuestión
poner en todo ilusión.
La madre que las veía
dulcemente sonreía,
de esperanza y alegría
rebosante el corazón.
Es el quid de la cuestión
poner en todo ilusión.
Confieso aquí mi adicción al chocolate más puro sea en natilla o sea del duro es mi dicha y mi pasión.
En cuanto el verano llega me lo preparo en helado, me sale que ni pintado; y si con licor se riega se resuelve una gran pega pues ya no se cristaliza, -cosa que a mí me horroriza- permanece tan cremoso que resulta milagroso. ¿Sabes cómo se realiza?
Haz primero unas natillas con leche, azúcar y huevo, añádele nata luego batida con las varillas -resultarán muy sencillas- No olvides el chocolate y, una vez rallado, bate hasta que esté amalgamado y una crema haya formado; el licor, como remate.
Mételo al congelador sin dilación, de inmediato, y muévelo a cada rato para que salga mejor, -con cuchara o tenedor-, y cuando esté bien helado y compacto haya quedado te sirves una porción: te embargará la emoción y quedarás encantado.
Está bien lo de viajar, ir de la Ceca a la Meca... pero me sale una mueca si me lo empiezo a pensar. Lo tengo que meditar, pues me parece atrayente, ver mundo, conocer gente, y parar en un hotel, que aunque sea de gran nivel me da una pereza ingente.
Los colchones no me gustan pues, acostumbrada al mío, dormir es un desafío si los muelles se me incrustan o las sábanas no ajustan. Siempre los encuentro duros y me veo en mil apuros sin poder pegar el ojo, me levanto con enojo pensando en días futuros.
Como decía E.T. echo de menos mi casa, la comida no me pasa, no me entra ni el café, así que no tardaré en retomar el camino y en cuanto llegue a destino diré lo de "dulce hogar" ¿dónde mejor voy a estar? Ni lo sé ni lo imagino.