Recuerdo los olores de la casa,
cuanto pude aprender en sus rodillas
y el tic-tac del reloj, y las cuartillas
ser tan escasas como la olla escasa.
Acontece la vida, el tiempo pasa:
de su pluma me quedan las cosquillas.
Sus caricias las guardo en las mejillas
que en mi viejo armazón el beso abrasa.
Y el aroma tranquilo del habano,
y el aro de aquel humo blanquecino
deshecho si mi mano lo alcanzaba.
Y el café tembloroso de su mano
sin azúcar, pues él me lo guardaba
en su traje de paño mortecino.
cuanto pude aprender en sus rodillas
y el tic-tac del reloj, y las cuartillas
ser tan escasas como la olla escasa.
Acontece la vida, el tiempo pasa:
de su pluma me quedan las cosquillas.
Sus caricias las guardo en las mejillas
que en mi viejo armazón el beso abrasa.
Y el aroma tranquilo del habano,
y el aro de aquel humo blanquecino
deshecho si mi mano lo alcanzaba.
Y el café tembloroso de su mano
sin azúcar, pues él me lo guardaba
en su traje de paño mortecino.