Atrápame en ti, cautiva las manos
que acarician tu piel
entre escombros del tiempo y lanza
entre tus luceros la frase que
devuelve el silencio como eco
adormecido, destruido
de tu impaciencia.
Tu fantasía es casi imperceptible
de una mirada absorta
de esos ojos que emigran, se fijan,
se inmutan en una ausencia repetida,
que amarra que encarcela,
que idiotiza.
Pero llegas suave y callado,
terso y apacible seduciendo
la mirada oscura callada tenue
de estos ojos distraídos por los
resquicios del tiempo.
Se hace un círculo de todo el
sentimiento mudo de tu estúpida
boca que sólo recorre los labios
queriendo ser no más que un
tejido inverosímil
rompiendo las horas
y del descenso quedan las rodillas
flexionadas para darle la
vuelta al destino.
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