De cabeza sentada frente
al recuerdo que profana
la huída de mares mundanos,
con el peso en los hombros,
estrujando cada espacio,
cada momento vomitado de
verdades que se profanan
al final de la tarde.
Maquillarme de harapos
sucios, añejos, del reflejo
que se ciñe al pie de una
aparente calma;
mientras entre sinfonías
el piano secunda al
llamador en el ritual de las
letras
cuando la niebla gris se enlentece
sobre mi cabeza como eslabones
de recuerdos atormentando el
concierto que tropieza a la orilla de
mis piernas .
al recuerdo que profana
la huída de mares mundanos,
con el peso en los hombros,
estrujando cada espacio,
cada momento vomitado de
verdades que se profanan
al final de la tarde.
Maquillarme de harapos
sucios, añejos, del reflejo
que se ciñe al pie de una
aparente calma;
mientras entre sinfonías
el piano secunda al
llamador en el ritual de las
letras
cuando la niebla gris se enlentece
sobre mi cabeza como eslabones
de recuerdos atormentando el
concierto que tropieza a la orilla de
mis piernas .
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