duf9991
Poeta adicto al portal
este poema nació cuando mis ojos recordaron las olvidadas llanuras de mi bello Guanacaste... y surgió de nuevo la sublime admiración hacia el personaje casi mítico que habita aquí: el Sabanero de Guanacaste y su árbol... y ahora la plasmo en este poema...
traducción del título: Guanacasteco trabajador
idioma de procedencia: costarricense puro
traducción del título: Guanacasteco trabajador
idioma de procedencia: costarricense puro
Sabanero solitario de mi tierra lejana
Guanacaste.
Con tus manos duras, resecas, descoloridas
construyes poco a poco el futuro familiar.
Te veo al pasar en el auto moderno
aire fresco al máximo
y pienso en las gotas ardientes de sudor
que se arrancan de tu frente arrugada
por el sol de mediodía.
Guanacaste.
Con tus manos duras, resecas, descoloridas
construyes poco a poco el futuro familiar.
Te veo al pasar en el auto moderno
aire fresco al máximo
y pienso en las gotas ardientes de sudor
que se arrancan de tu frente arrugada
por el sol de mediodía.
Solo oyes el crujido que hace el pasto podrido
y los pasos de las vacas que arreas.
También el mordisqueo del pasto
contra los dientes feroces de las vacas hambrientas.
Ves llanuras a lo lejos, ves celeste con café.
Sientes el bochorno y sudas a lo lindo
y al final unas cuantas monedas
convertidas en comida repartes.
y los pasos de las vacas que arreas.
También el mordisqueo del pasto
contra los dientes feroces de las vacas hambrientas.
Ves llanuras a lo lejos, ves celeste con café.
Sientes el bochorno y sudas a lo lindo
y al final unas cuantas monedas
convertidas en comida repartes.
Sabanero solo tienes un amigo:
es tu árbol, es el árbol que conoces,
el único, el árbol de Guanacaste.
Sus ramas esqueléticas cosquillean el pasto
y su sonido se va, evaporado
con el sol de la esperanza.
Sus hojas verdes se mecen, te dan viento milagroso
y su sombra te cobija, así como arrulla la nana
al niño, así. Dejas regado por ahí
el sudor chorreante de tu pelo enmarañado,
chamuscado y despeinado, y te vas cuando
los grillos, los moscos y esperanzas
te dan su habitual concierto de bienvenida.
es tu árbol, es el árbol que conoces,
el único, el árbol de Guanacaste.
Sus ramas esqueléticas cosquillean el pasto
y su sonido se va, evaporado
con el sol de la esperanza.
Sus hojas verdes se mecen, te dan viento milagroso
y su sombra te cobija, así como arrulla la nana
al niño, así. Dejas regado por ahí
el sudor chorreante de tu pelo enmarañado,
chamuscado y despeinado, y te vas cuando
los grillos, los moscos y esperanzas
te dan su habitual concierto de bienvenida.
Sabanero te preguntas qué serán
esos monstruos grises que pintan luego de colores
donde el aire es frío al igual que los rostros.
Se divisan a lo lejos después de la llanura
y te preguntas hermano, si es ahí
donde dan la vacuna contra el déficit monetario.
Extrañas tu llanura, pues poco a poco reptan
sobre los terrenos en que tus abuelos
solían arrear las vacas, haciéndolo todo gris
y luego de colores, siempre igual.
esos monstruos grises que pintan luego de colores
donde el aire es frío al igual que los rostros.
Se divisan a lo lejos después de la llanura
y te preguntas hermano, si es ahí
donde dan la vacuna contra el déficit monetario.
Extrañas tu llanura, pues poco a poco reptan
sobre los terrenos en que tus abuelos
solían arrear las vacas, haciéndolo todo gris
y luego de colores, siempre igual.
Sabanero sigue arreando las vacas comelonas,
cúbrete por siempre con tu amigo bicolor,
y procura siempre recordar,
aunque el sudor te aturda, el triste crujido
del pasto podrido al rebotar en la zuela
de tus botas de hule, pues puede
que en corto tiempo hasta el pasto se vuelva gris,
al igual que esos mostruos grises y de colores,
donde la gente parece alegre,
donde tus ojos sudorosos no alcanzan ver.
cúbrete por siempre con tu amigo bicolor,
y procura siempre recordar,
aunque el sudor te aturda, el triste crujido
del pasto podrido al rebotar en la zuela
de tus botas de hule, pues puede
que en corto tiempo hasta el pasto se vuelva gris,
al igual que esos mostruos grises y de colores,
donde la gente parece alegre,
donde tus ojos sudorosos no alcanzan ver.