Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Marchaste aquella tarde
y detrás se fue tu olvido;
en mil pedazos me dejaste,
más tu recuerdo quedó conmigo.
Fraguaste aquella trampa,
tendiste tus más finos hilos
Y yo, incauta, resulté ser más candida
-de lo que creí haber sido-
al caer enamorada sobre la lápida-
de tus versos más vencidos
Y hoy, aun lloro tu partida,
y aun mi corazón está partido.
Tres días, me dijiste
que duraba el dolor, por un amor perdido;
pero tu y yo sabemos bien,
que el tiempo de dolor, no puede ser medido
Un segundo pueden ser horas
Unas horas pueden ser siglos
Un año pude ser la vida entera
Y la vida entera puede ser sólo un periplo
Juraste nunca más volver
Juraste decirme adiós en este mundo
Y yo, prófuga quiero ser
de estos recuerdos verdugos,
que me arrastran, en contra de mi parecer,
que me encierran tras los muros,
que se jactan de verme palidecer
y ante mi se muestran, sin el menor disimulo
Yo, que me atreví a amarte
sin medir las consecuencias,
lloré, lloro y lloraré,
hasta que se trancen: recuerdos y conciencia
y aunque mis lágrimas no sirven de nada
pues nada soy, y nada avanza
ellas llegan como oleadas;
quizá sean tu venganza
pero habrá sido para nada
y detrás se fue tu olvido;
en mil pedazos me dejaste,
más tu recuerdo quedó conmigo.
Fraguaste aquella trampa,
tendiste tus más finos hilos
Y yo, incauta, resulté ser más candida
-de lo que creí haber sido-
al caer enamorada sobre la lápida-
de tus versos más vencidos
Y hoy, aun lloro tu partida,
y aun mi corazón está partido.
Tres días, me dijiste
que duraba el dolor, por un amor perdido;
pero tu y yo sabemos bien,
que el tiempo de dolor, no puede ser medido
Un segundo pueden ser horas
Unas horas pueden ser siglos
Un año pude ser la vida entera
Y la vida entera puede ser sólo un periplo
Juraste nunca más volver
Juraste decirme adiós en este mundo
Y yo, prófuga quiero ser
de estos recuerdos verdugos,
que me arrastran, en contra de mi parecer,
que me encierran tras los muros,
que se jactan de verme palidecer
y ante mi se muestran, sin el menor disimulo
Yo, que me atreví a amarte
sin medir las consecuencias,
lloré, lloro y lloraré,
hasta que se trancen: recuerdos y conciencia
y aunque mis lágrimas no sirven de nada
pues nada soy, y nada avanza
ellas llegan como oleadas;
quizá sean tu venganza
pero habrá sido para nada
::::