Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
Me hice a la mar un día de Noviembre
y a mi barca le llame libertad,
empecé a trazar mis rutas solo con tu nombre.
Con un trozo de fe latiendo por la felicidad.
Varada por la soledad de la playa, reparé mi embarcación
pinte una esperanza en la proa, de color canela
puse el emblema junto a ella, mi corazón.
Cosí mis velas con sus ligeros cabellos, que ahora vuela.
Todo era perfecto, el sol grande en lo alto,
que solo el brillo de tu mirar ocultó
llegada la noche el destello fugaz de tus ojos.
Se confundió con el palpitar de los astros.
Como mástil fuerte habría de ser tu esbelta figura
tus brazos serían los remos que me lleven a puerto maduro,
me acerque a tus costas, sorteando el mar y su bravura.
La brújula de tu corazón ya me había indicado el norte seguro.
El faro de la ilusión me guiaba en el vaivén del sueño
las aves que pasan cerca se confunden con tus manos,
Tu voz rompió el silencio y una sirena me mostró un niño.
Entre el mar y el cielo, nos descubrimos más humanos.
Mi sueño creció y el tiempo se trasformó en breve
los días a la deriva, solo serían un mal recuerdo,
la tripulación logró que mi amor se eleve.
Ayudándome con el timonel, nunca más me pierdo.
Pero asi como un sueño me indicó una desértica playa
la noche anterior al encuentro con el encanto,
hablo en este poema hasta donde vaya.
Porque ahora sé que el mar es, soledad, sal y llanto.
y a mi barca le llame libertad,
empecé a trazar mis rutas solo con tu nombre.
Con un trozo de fe latiendo por la felicidad.
Varada por la soledad de la playa, reparé mi embarcación
pinte una esperanza en la proa, de color canela
puse el emblema junto a ella, mi corazón.
Cosí mis velas con sus ligeros cabellos, que ahora vuela.
Todo era perfecto, el sol grande en lo alto,
que solo el brillo de tu mirar ocultó
llegada la noche el destello fugaz de tus ojos.
Se confundió con el palpitar de los astros.
Como mástil fuerte habría de ser tu esbelta figura
tus brazos serían los remos que me lleven a puerto maduro,
me acerque a tus costas, sorteando el mar y su bravura.
La brújula de tu corazón ya me había indicado el norte seguro.
El faro de la ilusión me guiaba en el vaivén del sueño
las aves que pasan cerca se confunden con tus manos,
Tu voz rompió el silencio y una sirena me mostró un niño.
Entre el mar y el cielo, nos descubrimos más humanos.
Mi sueño creció y el tiempo se trasformó en breve
los días a la deriva, solo serían un mal recuerdo,
la tripulación logró que mi amor se eleve.
Ayudándome con el timonel, nunca más me pierdo.
Pero asi como un sueño me indicó una desértica playa
la noche anterior al encuentro con el encanto,
hablo en este poema hasta donde vaya.
Porque ahora sé que el mar es, soledad, sal y llanto.
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