Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tomó sutilmente su preciosa mano,
en tanto el alma se volvió cobarde.
Paseando juntos en aquella tarde
la bella Sandrila y el dios pagano.
Sus largos cabellos de tierra fecunda,
acariciaban tersos el paraje.
Brotó bajo su pie, verde el follaje,
en belleza a la de Jove segunda.
De su dorado velo el olor a rosas,
incensaba a los hados del camino;
sonriente Febo, el dador divino,
de sol a la ninfa dio mariposas.
Tocó ella el horizonte con su mirada,
y se hizo fuego el infinito azul.
Y bajo el sueño de un viejo abedul,
besó el numen los labios de su amada.
Consumado el beso al ardor de un suspiro,
de luces gemelas vital aliento,
despertó así la música del viento,
y el átomo del aire que respiro.
Bebió Eros la dulzura de sus senos,
y de su leche surgieron los mares.
Y de su vientre los antiguos lares,
fueron la inspiración de los Helenos.
De su espalda amanecieron las cascadas,
hijas de las ternura de los ríos.
El bosque, los montes, los hielos fríos,
hijos son de sus manos perfumadas!
Ha caído el negro manto de la noche,
con sus ojos riendo en la espesura.
Sandrila se ha tornado luz, ternura,
y creación y celestial derroche.
La ninfa y su amado, argentinas estrellas,
han bendecido del hombre la vida.
Mar, cielo y tierra que en el templo anida...
óbolo hermoso de mil cosas bellas!
nueva york, 2000
en tanto el alma se volvió cobarde.
Paseando juntos en aquella tarde
la bella Sandrila y el dios pagano.
Sus largos cabellos de tierra fecunda,
acariciaban tersos el paraje.
Brotó bajo su pie, verde el follaje,
en belleza a la de Jove segunda.
De su dorado velo el olor a rosas,
incensaba a los hados del camino;
sonriente Febo, el dador divino,
de sol a la ninfa dio mariposas.
Tocó ella el horizonte con su mirada,
y se hizo fuego el infinito azul.
Y bajo el sueño de un viejo abedul,
besó el numen los labios de su amada.
Consumado el beso al ardor de un suspiro,
de luces gemelas vital aliento,
despertó así la música del viento,
y el átomo del aire que respiro.
Bebió Eros la dulzura de sus senos,
y de su leche surgieron los mares.
Y de su vientre los antiguos lares,
fueron la inspiración de los Helenos.
De su espalda amanecieron las cascadas,
hijas de las ternura de los ríos.
El bosque, los montes, los hielos fríos,
hijos son de sus manos perfumadas!
Ha caído el negro manto de la noche,
con sus ojos riendo en la espesura.
Sandrila se ha tornado luz, ternura,
y creación y celestial derroche.
La ninfa y su amado, argentinas estrellas,
han bendecido del hombre la vida.
Mar, cielo y tierra que en el templo anida...
óbolo hermoso de mil cosas bellas!
nueva york, 2000
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