jd_garavito
Poeta adicto al portal
Aun conservo tan intacta en mi memoria,
que muchas tantas otras cosas ha olvidado,
aquella sensacional, brillante mañana,
divino el día aquel,
que llegaste a mi vida, cual arco iris radiante,
radiante que anuncia al sol y su esplendida alborada.
En la piel tengo aun ese aire frío,
aire frío y fresco mañanero.
Y en mi olfato se retiene,
ese aroma de café tan suave,
que de dónde, aun no se, venía.
Hasta el ruido del tráfico en la calle
hacía melodía preciada a aquel encuentro.
Todo era bello en tal preciado día.
Todo lo veía de azul llegando a rosa,
con el sol despabilando el horizonte,
alborotando unas pocas aves.
Brillando, iluminando esa ensenada
Arco Iris de Colores que trajiste a mis ojos.
Arco Iris de sabor que trajiste a mi Pasión.
Arco Iris de Pasión que inundó mi vida.
Arco Iris de Luz que iluminó mi corazón
Ingenua, silente, sonriente, impaciente.
Celeste, ausente, ferviente.
Cálida, sensible, inocente
Aun sin notar mí presencia cautiva,
detonaste sensaciones de explosión,
por partío,
a un corazón allá escondido,
en lo profundo de un fierro pecho,
calcinado por lo frío,
y a fuego lento congelado.
En borbollón a bocajarro,
Despertaste aquel tieso, maltrecho
y empolvado pedazo de carne,
hecho piedra, tal vez carbón.
Reviviste aquel bendito corazón,
que desde entonces hasta hoy,
late y salta, y vibra de emoción.
Late cual bravío canino.
Sin detenerse, sin calmarse.
Solo firme y galopante.
Con rumbo siempre al frente,
al norte, arriba, siempre a lo alto
Antes seco e incoloro,
mudo y silencioso.
Rojo púrpura ahora, y carmesí.
Hinchado, caliente, indomable,
Escandaloso, ardiente,
Este es el Corazón que ayer sanaste.
Tan solo con aparecerte esa mañana,
irradiando aquella luz de tu presencia,
la frescura de tu alma
y el jazmín aroma de tu piel
Inocente, silente te alejaste.
mas entrando estabas en mi alma,
aquella mañana de aquel día.
Aquel día radiante de aquel año.
Aquel año en que tu vida me brindaste.
Aquella mañana en que grabé tu silueta,
como a fuego aquí en mi piel,
al relieve aquí en mis ojos,
indeleble allá en mi alma
Sin conocerte
mi corazón no sentía
ni calor, ni frío,
felicidad, ni siquiera dolor.
Ahora suspira ante una silvestre flor,
Y se hincha con el aire fresco.
Goza con el aroma del alba,
brota de ternura ante una criatura.
Se ensancha ante unos ojos dulces.
Se aprieta ante una noticia triste,
o llora de felicidad ante un par de enamorados
o ante aves posando en la ventana.
Agradece cada día la luz del alba.
Y en las noches de la Luna su clarear.
Los paseos por el campo le enaltecen.
Las estrellas le hacen pedir mil deseos.
Un llanto, una sonrisa,
una mirada,
sollozante le hacen palpitar
que muchas tantas otras cosas ha olvidado,
aquella sensacional, brillante mañana,
divino el día aquel,
que llegaste a mi vida, cual arco iris radiante,
radiante que anuncia al sol y su esplendida alborada.
En la piel tengo aun ese aire frío,
aire frío y fresco mañanero.
Y en mi olfato se retiene,
ese aroma de café tan suave,
que de dónde, aun no se, venía.
Hasta el ruido del tráfico en la calle
hacía melodía preciada a aquel encuentro.
Todo era bello en tal preciado día.
Todo lo veía de azul llegando a rosa,
con el sol despabilando el horizonte,
alborotando unas pocas aves.
Brillando, iluminando esa ensenada
Arco Iris de Colores que trajiste a mis ojos.
Arco Iris de sabor que trajiste a mi Pasión.
Arco Iris de Pasión que inundó mi vida.
Arco Iris de Luz que iluminó mi corazón
Ingenua, silente, sonriente, impaciente.
Celeste, ausente, ferviente.
Cálida, sensible, inocente
Aun sin notar mí presencia cautiva,
detonaste sensaciones de explosión,
por partío,
a un corazón allá escondido,
en lo profundo de un fierro pecho,
calcinado por lo frío,
y a fuego lento congelado.
En borbollón a bocajarro,
Despertaste aquel tieso, maltrecho
y empolvado pedazo de carne,
hecho piedra, tal vez carbón.
Reviviste aquel bendito corazón,
que desde entonces hasta hoy,
late y salta, y vibra de emoción.
Late cual bravío canino.
Sin detenerse, sin calmarse.
Solo firme y galopante.
Con rumbo siempre al frente,
al norte, arriba, siempre a lo alto
Antes seco e incoloro,
mudo y silencioso.
Rojo púrpura ahora, y carmesí.
Hinchado, caliente, indomable,
Escandaloso, ardiente,
Este es el Corazón que ayer sanaste.
Tan solo con aparecerte esa mañana,
irradiando aquella luz de tu presencia,
la frescura de tu alma
y el jazmín aroma de tu piel
Inocente, silente te alejaste.
mas entrando estabas en mi alma,
aquella mañana de aquel día.
Aquel día radiante de aquel año.
Aquel año en que tu vida me brindaste.
Aquella mañana en que grabé tu silueta,
como a fuego aquí en mi piel,
al relieve aquí en mis ojos,
indeleble allá en mi alma
Sin conocerte
mi corazón no sentía
ni calor, ni frío,
felicidad, ni siquiera dolor.
Ahora suspira ante una silvestre flor,
Y se hincha con el aire fresco.
Goza con el aroma del alba,
brota de ternura ante una criatura.
Se ensancha ante unos ojos dulces.
Se aprieta ante una noticia triste,
o llora de felicidad ante un par de enamorados
o ante aves posando en la ventana.
Agradece cada día la luz del alba.
Y en las noches de la Luna su clarear.
Los paseos por el campo le enaltecen.
Las estrellas le hacen pedir mil deseos.
Un llanto, una sonrisa,
una mirada,
sollozante le hacen palpitar