Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tengo guardada la flor de un limonero
y tres espejitos caídos del cielo,
que cuando niña encontré dentro de un gallinero,
y los mantengo atados con un listón de mi pelo.
Tengo la capa de mi disfraz de caperucita,
guardada con mucho celo
en el baúl, donde guardo mi guitarra,
a la cual, por cierto, a tocarla aún no aprendo.
Tengo en mis pensamientos lagañas
empegostadas de miedo
recuerdos de cuando, moza, luchaba
por siempre figurar primero
No es que yo lo necesitara,
empero
Un viaje a la felicidad prestada,
mis luchas siempre me dieron
Tengo un jabón al que le salió una especie de caspa,
o alguna colonia, de algo cuyo nombre no pensar prefiero,
pero me lo regaló la tía pancha
y eso no tiene precio
Tengo la espada empuñada
en un muñequito pequeño,
era con el que mi hijo mayor más jugaba
y lo guardo hasta que nazca otro dueño
Tengo sueños y fantasías
encerradas en muchos poemas sin término.
Tengo hasta unas melodías
que nunca os confiaré, lo confieso
Tengo, en el frente de mi casa,
una Virgen a la que le faltaba un dedo
y un día algún travieso rapaz
la terminó de romper pendenciero
y como nunca pude botarla,
de allí viene el entierro
Tengo tarjetas de comuniones
bautizos, matrimonios y demás festejos;
pero también guardo recuerdos
de funerales muy viejos
Tengo cantidad de felicitaciones,
por cumpleaños, aniversarios y otros textos;
tengo tantas, que con sus extensiones,
forraría el mundo entero
Y todo eso lo guardo
en el rincón de los recuerdos
y tres espejitos caídos del cielo,
que cuando niña encontré dentro de un gallinero,
y los mantengo atados con un listón de mi pelo.
Tengo la capa de mi disfraz de caperucita,
guardada con mucho celo
en el baúl, donde guardo mi guitarra,
a la cual, por cierto, a tocarla aún no aprendo.
Tengo en mis pensamientos lagañas
empegostadas de miedo
recuerdos de cuando, moza, luchaba
por siempre figurar primero
No es que yo lo necesitara,
empero
Un viaje a la felicidad prestada,
mis luchas siempre me dieron
Tengo un jabón al que le salió una especie de caspa,
o alguna colonia, de algo cuyo nombre no pensar prefiero,
pero me lo regaló la tía pancha
y eso no tiene precio
Tengo la espada empuñada
en un muñequito pequeño,
era con el que mi hijo mayor más jugaba
y lo guardo hasta que nazca otro dueño
Tengo sueños y fantasías
encerradas en muchos poemas sin término.
Tengo hasta unas melodías
que nunca os confiaré, lo confieso
Tengo, en el frente de mi casa,
una Virgen a la que le faltaba un dedo
y un día algún travieso rapaz
la terminó de romper pendenciero
y como nunca pude botarla,
de allí viene el entierro
Tengo tarjetas de comuniones
bautizos, matrimonios y demás festejos;
pero también guardo recuerdos
de funerales muy viejos
Tengo cantidad de felicitaciones,
por cumpleaños, aniversarios y otros textos;
tengo tantas, que con sus extensiones,
forraría el mundo entero
Y todo eso lo guardo
en el rincón de los recuerdos
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