Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Niña, jamas pensaste
que las cuerdas d'este viejo laúd,
en el que azul soñaste
en mística quietud,
probarían la miel de tu virtud?
Jamas imaginaste
que en el verso que emana del dolor,
que nunca acariciaste,
ha brotado una flor
que ciega en su amargura te da amor?
Supo tu corazón,
atrapado en el mármol de tu estancia,
que estulto y sin razón,
sentía en tu fragancia
el eco que se pierde en tu distancia?
No reparó en las notas
que triste tejieron la belle canción,
que con mil alas rotas
en la imaginación,
veló por tu sueño y tu inspiración?
Despierta vida mía,
y abre tus ojos al amanecer
que aquieta mi agonía...
ven, sol de mi querer,
y embriagate en mis lágrimas, mujer!
Ven, quedate éste nardo,
que en mi adiós arde solitaria pira
de anochecido bardo:
del alma en que se inspira,
en las sentidas penas de esta lira!
que las cuerdas d'este viejo laúd,
en el que azul soñaste
en mística quietud,
probarían la miel de tu virtud?
Jamas imaginaste
que en el verso que emana del dolor,
que nunca acariciaste,
ha brotado una flor
que ciega en su amargura te da amor?
Supo tu corazón,
atrapado en el mármol de tu estancia,
que estulto y sin razón,
sentía en tu fragancia
el eco que se pierde en tu distancia?
No reparó en las notas
que triste tejieron la belle canción,
que con mil alas rotas
en la imaginación,
veló por tu sueño y tu inspiración?
Despierta vida mía,
y abre tus ojos al amanecer
que aquieta mi agonía...
ven, sol de mi querer,
y embriagate en mis lágrimas, mujer!
Ven, quedate éste nardo,
que en mi adiós arde solitaria pira
de anochecido bardo:
del alma en que se inspira,
en las sentidas penas de esta lira!
::