Los versos alocados van y vienen,
se burlan del poeta, le seducen
pasando antes sus ojos y relucen
con los brillos que luego no mantienen.
Son fantasmas visuales que retienen
la atención un momento y le conducen
por estrechos caminos que reducen
a un embudo final do se detienen.
Y allí queda el poeta enmarañado
viendo escapar los versos en la niebla,
sus ojos lanza al cielo acongojado.
Ya su mente vacía y desamuebla
en espera de un hálito inspirado
que devuelva la luz a su tiniebla
se burlan del poeta, le seducen
pasando antes sus ojos y relucen
con los brillos que luego no mantienen.
Son fantasmas visuales que retienen
la atención un momento y le conducen
por estrechos caminos que reducen
a un embudo final do se detienen.
Y allí queda el poeta enmarañado
viendo escapar los versos en la niebla,
sus ojos lanza al cielo acongojado.
Ya su mente vacía y desamuebla
en espera de un hálito inspirado
que devuelva la luz a su tiniebla
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