pecadocapital79
Poeta adicto al portal
Tengo un cigarrillo entre los labios
para que cuando la soledad me mate
tenga alguna coartada.
Lo bueno de estar solo con mi otro yo,
es que sólo se rompe el silencio
cuando hay algo interesante que decir
pero nadie me escucha.
Suena Ismael por la radio
canta una canción sobre una Ana,
yo no conozco a ninguna con ese nombre
sólo tu nombre memorizo Laura,
quizás debería buscar alguna
a través de su voz parece decente.
A ti su voz te parecía triste, como yo.
Imagino que has dejado de fumar,
que no estás sola,
que no tienes nada que decir
y asesinas silencios con crueldad
y aún así alguien te escucha.
Seguirás con tu síndrome de Peter Pan
anclada en los veinte
y las matemáticas perdonándote el descaro
de negarte a crecer,
como si contigo no fueran exactas.
Tus pechos seguirán firmes,
desafiando la ley de la gravedad
a Newton y a su santa madre.
Hoy desperté Laura y no me acordaba de ti
pero Ismael te trajo con otro nombre
a veces temo que llegue una mañana
y desaparezca mi infelicidad
la realidad es que estar triste
es lo más parecido a tenerte.
Salgo en busca de tristezas
con otro cigarrilo en la boca
a esto se le llama
el suicidio de la tortuga,
me encamino lentamente a la tienda de penas,
necesito estar contigo de algún modo
y éste es el más fiable
la dependienta me mira
como si fuera un fantasma
y huyo de los cristales por si lo soy
y no me conozco.
- Ponme sesenta kilos de tristeza-
le digo mirándola a la boca.
-Un segundo de eso se encarga Laura-
Laura joder debe de haber una epidemia
y detrás de la cortina sales tú
con tus veinte años recién cumplidos
y una sonrisa cercana,
sesenta kilos de tristeza
¡qué hija de puta!.
para que cuando la soledad me mate
tenga alguna coartada.
Lo bueno de estar solo con mi otro yo,
es que sólo se rompe el silencio
cuando hay algo interesante que decir
pero nadie me escucha.
Suena Ismael por la radio
canta una canción sobre una Ana,
yo no conozco a ninguna con ese nombre
sólo tu nombre memorizo Laura,
quizás debería buscar alguna
a través de su voz parece decente.
A ti su voz te parecía triste, como yo.
Imagino que has dejado de fumar,
que no estás sola,
que no tienes nada que decir
y asesinas silencios con crueldad
y aún así alguien te escucha.
Seguirás con tu síndrome de Peter Pan
anclada en los veinte
y las matemáticas perdonándote el descaro
de negarte a crecer,
como si contigo no fueran exactas.
Tus pechos seguirán firmes,
desafiando la ley de la gravedad
a Newton y a su santa madre.
Hoy desperté Laura y no me acordaba de ti
pero Ismael te trajo con otro nombre
a veces temo que llegue una mañana
y desaparezca mi infelicidad
la realidad es que estar triste
es lo más parecido a tenerte.
Salgo en busca de tristezas
con otro cigarrilo en la boca
a esto se le llama
el suicidio de la tortuga,
me encamino lentamente a la tienda de penas,
necesito estar contigo de algún modo
y éste es el más fiable
la dependienta me mira
como si fuera un fantasma
y huyo de los cristales por si lo soy
y no me conozco.
- Ponme sesenta kilos de tristeza-
le digo mirándola a la boca.
-Un segundo de eso se encarga Laura-
Laura joder debe de haber una epidemia
y detrás de la cortina sales tú
con tus veinte años recién cumplidos
y una sonrisa cercana,
sesenta kilos de tristeza
¡qué hija de puta!.
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