Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Esta cosa presumida que levanta fuego en mis retinas;
esta cosa tan humilde que me late desde el alma,
fluye y quema mis entrañas,
surge y brota sea de tarde, noche o de mañana
Esa a la que llaman siempre sofisticada;
esa inteligentemente rebuscada,
no me aplica, la mía es desgasificada;
ni me aplica en la retórica la fulana remilgada
En la mía sobran letras y escasean las parábolas;
Pero el alma se me prenda enamorada,
Y se me arroba la mirada entre las hipérbolas
cada vez que empuño el arma
La prefiero en soledad callada.
La prefiero quieta y acongojada.
Aunque a veces, lisonjera, se retracta
pero la atrapo, con mi atrapa sueños a la ingrata
Ella hace conmigo lo que le da la gana
Me baja al surrealismo de un recuerdo fallecido
o me estalla justo frente a la ventana.
Por momentos corre hacia lo grande de un amor
Para enfrascarse en la ruptura de un mañana
Besa, ¡cómo besa la condenada!,
¿sabrá que besa así la no nombrada?.
Y las mariposas en el aire, batiendo alas,
espían siempre a mis espaldas,
cada vez que empuño el arma
Lunas rojas en noches estrelladas;
un sol naranja en una tarde extraña;
verdes olivos secando a sus anchas,
rogando al silencio, lluvias de mil palabras
Y yo me quedo ensimismada,
ancha Un tanto explaya,
para reencontrarla emocionada
Surge constantemente, a veces mala,
a veces, dulce y tiernamente, se deja venir la condenada.
Llueve sobre mí, moja mi espalda,
sonrío, soy feliz, y le entrego despreocupada el alma
Ella quizá sea como mi madre,
tal vez mi hija, no nata
O la fantasía de un ser interior, que aunque no puede correr,
se inventa sus propias alas
No importa si va correcta.
No usa mucho carmín,
ni se ajusta las polainas.
Pero aún en su loco frenesí,
siempre es espontánea
Se apodera de la pieza y de mi estancia,
me aglutina en una esquina,
me encandila y ciega la mirada;
como autómata naufrago en cada raya
Y cuando vengo a darme cuenta
ya no estoy empuñando el arma
esta cosa tan humilde que me late desde el alma,
fluye y quema mis entrañas,
surge y brota sea de tarde, noche o de mañana
Esa a la que llaman siempre sofisticada;
esa inteligentemente rebuscada,
no me aplica, la mía es desgasificada;
ni me aplica en la retórica la fulana remilgada
En la mía sobran letras y escasean las parábolas;
Pero el alma se me prenda enamorada,
Y se me arroba la mirada entre las hipérbolas
cada vez que empuño el arma
La prefiero en soledad callada.
La prefiero quieta y acongojada.
Aunque a veces, lisonjera, se retracta
pero la atrapo, con mi atrapa sueños a la ingrata
Ella hace conmigo lo que le da la gana
Me baja al surrealismo de un recuerdo fallecido
o me estalla justo frente a la ventana.
Por momentos corre hacia lo grande de un amor
Para enfrascarse en la ruptura de un mañana
Besa, ¡cómo besa la condenada!,
¿sabrá que besa así la no nombrada?.
Y las mariposas en el aire, batiendo alas,
espían siempre a mis espaldas,
cada vez que empuño el arma
Lunas rojas en noches estrelladas;
un sol naranja en una tarde extraña;
verdes olivos secando a sus anchas,
rogando al silencio, lluvias de mil palabras
Y yo me quedo ensimismada,
ancha Un tanto explaya,
para reencontrarla emocionada
Surge constantemente, a veces mala,
a veces, dulce y tiernamente, se deja venir la condenada.
Llueve sobre mí, moja mi espalda,
sonrío, soy feliz, y le entrego despreocupada el alma
Ella quizá sea como mi madre,
tal vez mi hija, no nata
O la fantasía de un ser interior, que aunque no puede correr,
se inventa sus propias alas
No importa si va correcta.
No usa mucho carmín,
ni se ajusta las polainas.
Pero aún en su loco frenesí,
siempre es espontánea
Se apodera de la pieza y de mi estancia,
me aglutina en una esquina,
me encandila y ciega la mirada;
como autómata naufrago en cada raya
Y cuando vengo a darme cuenta
ya no estoy empuñando el arma
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::RINO
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