PERDIDA
Esa mujer que fuera ante mis ojos
el vívido retrato de mi sueño
tornóse hostil y vil por el empeño
de seguir el placer de sus antojos.
Resaltan en su imagen los despojos
demostrando que su alma está sin dueño,
hosca la faz, despavorido el ceño,
herida cruel la de sus labios rojos.
Perdido el ondulante andar tan ágil
demora su camino en las aceras,
no hay pausa, arriba, abajo sin cesar.
Ajado, ya perdió su gesto frágil,
su cuerpo conoció tantas esteras
que ya olvidó el gozo del amar.
Esa mujer que fuera ante mis ojos
el vívido retrato de mi sueño
tornóse hostil y vil por el empeño
de seguir el placer de sus antojos.
Resaltan en su imagen los despojos
demostrando que su alma está sin dueño,
hosca la faz, despavorido el ceño,
herida cruel la de sus labios rojos.
Perdido el ondulante andar tan ágil
demora su camino en las aceras,
no hay pausa, arriba, abajo sin cesar.
Ajado, ya perdió su gesto frágil,
su cuerpo conoció tantas esteras
que ya olvidó el gozo del amar.
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