Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Más allá de la forma,
de tus manos cansadas;
más allá de la sombra,
de tus mil madrugadas;
más allá del secreto,
que escapa a la palabra;
más allá del confeso,
que la tristeza labra;
más allá de los mundos,
que toca tu mirada;
más allá de los rumbos,
del alma enamorada...
Allá en nuestro lucero,
allá, mi amor te espero.
Más allá de los lienzos,
que acarician tu piel;
más allá del portento,
del amor que te es fiel;
más allá de tu cuerpo,
que es óbolo divino;
más allá de aquel puerto,
que unió nuestro camino;
más allá de los vientos,
que llevan los sentidos;
más allá de los tiempos,
y los besos vividos...
Allá en nuestro lucero,
allá, mi amor, te espero.
Más allá de la sangre,
del dolor y la guerra;
más allá de tu hambre,
y de tu vieja tierra;
más allá de la fiebre,
y de la enfermedad;
más allá del perenne,
don de la soledad;
más allá del hastio,
de la ligera suerte;
más allá del ladrido,
de la cánida muerte...
Allá en nuestro lucero,
allá, mi amor, te espero.
de tus manos cansadas;
más allá de la sombra,
de tus mil madrugadas;
más allá del secreto,
que escapa a la palabra;
más allá del confeso,
que la tristeza labra;
más allá de los mundos,
que toca tu mirada;
más allá de los rumbos,
del alma enamorada...
Allá en nuestro lucero,
allá, mi amor te espero.
Más allá de los lienzos,
que acarician tu piel;
más allá del portento,
del amor que te es fiel;
más allá de tu cuerpo,
que es óbolo divino;
más allá de aquel puerto,
que unió nuestro camino;
más allá de los vientos,
que llevan los sentidos;
más allá de los tiempos,
y los besos vividos...
Allá en nuestro lucero,
allá, mi amor, te espero.
Más allá de la sangre,
del dolor y la guerra;
más allá de tu hambre,
y de tu vieja tierra;
más allá de la fiebre,
y de la enfermedad;
más allá del perenne,
don de la soledad;
más allá del hastio,
de la ligera suerte;
más allá del ladrido,
de la cánida muerte...
Allá en nuestro lucero,
allá, mi amor, te espero.
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